Coaching y autotelia
A menudo dividimos la atención entre los fines y los medios, en una combinación que no cataliza la mejor efectividad y calidad de vida.
Un buen coach puede ayudarnos a superar problemas, a neutralizar lo negativo, a resolver nuestros excesos y defectos; pero también a mejor explotar lo positivo, y cultivar la calidad de vida en el desempeño profesional. El objetivo de aprovechar bien nuestras fortalezas y obtener mayor satisfacción profesional, se nos olvida a veces; pero resulta cada día más importante.
Mientras convenimos en que la autotelia (finalidad u objeto de una actividad en sí misma, como ocurre, por ejemplo, en el juego) contribuye a la satisfacción profesional, solemos pensar que el perfil del directivo es típicamente exotélico; que su actividad es siempre un medio para llegar a los fines perseguidos. En su rol de líder, el directivo parece tener siempre la cabeza en las metas perseguidas, mientras su atención se reparte de modo que dificulta la concentración; se diría que la satisfacción profesional queda, sobre todo, para los trabajadores del saber, que aun pueden entrar en los estados de flujo de máximo rendimiento y disfrute de que nos habla el profesor Csikszentmihalyi. Pero también hay espacio para la autotelia en directivos y empresarios.
Podemos detenernos unas líneas en el concepto de autotelia. En principio, un viaje en globo sería autotélico, porque nos importa más el trayecto que el destino; pero un viaje en avión resulta típicamente exotélico: lo hacemos para llegar, lo antes posible, a un destino, y no resulta habitual disfrutar del trayecto. La autotelia parecería más vinculada al juego (o al arte), en cuya ejecución disfruta el individuo (resolviendo un sudoku, por ejemplo), y no tan aplicable al trabajo. Se diría que trabajamos para algo, para alcanzar resultados, para ganar dinero; que el trabajo es un medio y no un fin en sí mismo. Pero el hecho es que podemos, al menos a ratos, disfrutar más en el trabajo que en el ocio; y que también hay, como decíamos, espacio para la autotelia concentración en una tarea en el personal directivo.
Si tuviéramos que describir un directivo con personalidad autotélica, un directivo con capacidad para concentrarse en cada tarea y saborearla, con presencia auténtica en cada ejercicio profesional, que supiera combinar su inexcusable efectividad con una deseable dosis de satisfacción profesional, quizá diríamos algo así:
Vive con autenticidad el aquí y ahora, sin perder perspectiva.
Cree en lo que hace y en las metas que elige.
Se concentra, se involucra, se sumerge en cada tarea.
Es socialmente responsable.
Aprende y se desarrolla continuamente.
Saborea los logros sin incurrir en complacencia.
Gestiona debidamente su atención y su intención.
Cultiva las emociones positivas.
Muestra buen humor y confianza en sí mismo.
Se mueve por el principio ganar-ganar.
Asume retos y su motivación es intrínseca.
Aprovecha la intuición y la concilia con la razón.
Cultiva el orden y la paz en su conciencia.
Es un pensador reflexivo, crítico y creativo.
Caramba podrá pensarse, si ya hemos definido al directivo ideal bajo la etiqueta de líder, ¿cómo viene este articulista atrevido a predicarnos el directivo autotélico? Puede, en efecto, pensarse que estos rasgos intelectuales, emocionales e incluso espirituales, todos de carácter intrapersonal ya deben estar catalogados en el perfil del líder, tan manejado para describir al directivo-modelo de nuestros días: todo depende del significado que demos al concepto de líder. En la medida en que observáramos el liderazgo como fortaleza estrictamente interpersonal (guiar a los colaboradores), estaríamos olvidando o pretiriendo el importante aspecto intrapersonal, que nos enfocaban autores como Senge o Covey, por ejemplo.
La autotelia ocupa una porción singular de las relaciones con nosotros mismos; forma parte del perfil intrapersonal, para favorecer la satisfacción por el desempeño. La inexcusable efectividad del directivo se viene a menudo cobrando importantes dosis de su calidad de vida profesional, en forma de emociones negativas, fatiga física y psíquica, y también tensión nerviosa visible o subyacente, que además salpican la vida familiar; metidos en este círculo vicioso, cada vez tenemos que aplicar mayor esfuerzo, pero el desorden mental nos lleva a peores resultados: como se sabe, este arquetipo resulta frecuente dentro y fuera de la empresa. En el salto urgente hacia un círculo virtuoso, aparece, entre otros elementos, la autotelia, sólidamente vinculada a la vocación profesional.
Hay que insistir en que la satisfacción profesional de directivos y trabajadores depende, en efecto, de diversos factores endógenos y exógenos, sobre los que se ha dicho y escrito mucho; pero volvamos al perfil que hemos dibujado para el directivo autotélico. Hay rasgos sobre los que vale la pena insistir, y en cuyo progreso costaría avanzar sin ayuda de un experto. Un coach con experiencia en esta materia ejercicio directivo, calidad de vida en el trabajo, dominio personal, inteligencia emocional podría resultarnos de gran ayuda, y aquí insistiría en que el coaching es una disciplina cuyo dominio no cabe dar siempre por supuesto en ejecutivos y directivos, por muy líderes que se sientan.
Del dibujado perfil, destacaría ahora brevemente dos detalles: el saboreo (savoring) y la presencia auténtica (mindfulness). Empecemos por esta última. La presencia auténtica de que nos hablaba por ejemplo Robert K. Cooper apunta a la atención cognitiva y emocional que dedicamos a nuestro entorno, y a la involucración que al respecto nos caracteriza. Recordemos, a la vez, que se reduce, en su caso, por elementos como el culto al ego, la hiprocresía, el cinismo o los intereses particulares.
Si algún día escribiéramos nuestras memorias, quizá veríamos que la vida era lo que nos había estado pasando mientras nuestros pensamientos o sentimientos apuntaban a otro sitio; pero el hecho es que en cada momento somos todo lo felices que nuestros pensamientos y sentimientos nos permiten. Lo que tenemos en la conciencia es lo que marca nuestro bienestar o malestar; pero, a su vez, lo que tenemos en la conciencia depende de adónde dirijamos nuestra atención. Así las cosas, parece que si gobernáramos la atención, tendríamos buena parte de la batalla ganada. Yo subrayaría aquí la deseable sinergia entre la intención, la atención y la intuición, cuando nos guía buen fin; hasta el punto de buscar la ayuda de un coach, si precisa fuera, en beneficio de la autenticidad y la satisfacción.
Y ahora me referiré al saboreo. Podemos saborear el pasado, el presente y el futuro, pero pensando ahora sólo en el presente, el saboreo consistiría en:
Cultivar una permanente actitud positiva.
Felicitarnos por el buen uso de nuestras fortalezas.
Atender a los detalles, y darles significado.
Celebrar los logros, grandes y pequeños, con generosidad.
Compartir sentimientos con los demás.
Contribuir al flujo de la emociones energizantes.
Saber emitir y recibir elogios y gestos auténticos de gratitud.
Hay sin duda más rasgos a destacar junto al saboreo y la autenticidad, y hay también mucho más que decir de la deseable autotelia en empresarios y directivos (centrándonos, por ejemplo, en el tipo de metas que perseguimos); pero lo dejamos hoy aquí. Recordemos solamente que, junto a la inexcusable efectividad profesional, tenemos la obligación moral de contribuir a la satisfacción de nuestro entorno, incluidos nosotros mismos.
José Enebral Fernández
Director
Alta Capacidad

Abril 17th, 2008 at 17:19
Sin duda una nueva forma de ver las cosas en el aspecto laboral y por que no decirlo en otros ámbitos de la vida, aunque no soy un experto en la materia pero es un artículo interesante.