Responsabilidad social, ética y coaching
Por Carlos Herreros de las Cuevas
Quizá estamos en una época en la que el coaching sirve para todo; para los equipos de venta, para directivos, líderes, actores y no digamos deportistas; y ahora también viene este modesto autor y lo relaciona nada menos con la responsabilidad social y con la ética..
Quizá convenga que , todo lo brevemente de que sea capaz, dedique unas líneas a comentar algunas modalidades o formatos del coaching. Seguramente el más frecuente, aunque no signifique que sea con el que estoy más de acuerdo, es el que se aborda después de que el o los directivos se han sometido a un cuestionario 360º feedback. Como se sabe, este instrumento señala las posibles diferencias entre la visión u opinión que el directivo tiene de sí mismo y las que le presentan compañeros, colegas, subordinados y jefes, acerca de una serie de competencias o actitudes. Es decir, aborda con el directivo la tarea de intentar adquirir o mejorar habilidades relacionales y estratégicas.
Sin pretender en modo alguno presentar una alternativa al 360º feedback , más bien complementarlo , quien escribe – después de meses de mucho trabajo- ha creado un instrumento para medir las fortalezas.
Basándome en el potente movimiento de la psicología positiva norteamericana, lideradas por Seligman, Csikszentmihaly y Kahneman, he intentado- y creo haberlo conseguido- crear esta herramienta que va a informar al directivo de sus fortalezas y cómo utilizarlas en beneficio propio y de la empresa; precisamente porque ciertas fortalezas facilitan la adquisición de otras.
Afirma Seligman que la psicología tradicional intenta, y consigue, que ciertas personas pasen de estados emocionales, digamos, de menos diez a cero; pero que ahora se trata de avanzar desde cero a más diez.
¿Por qué planteo en este artículo la cuestión del coaching para desarrollar fortalezas en lugar de para abordar carencias o debilidades?. Porque muchas de las fortalezas están íntimamente relacionadas con la ética y con la responsabilidad social.
Para muestra, aquí presento algunas de las que utiliza mi instrumento: optimismo, esperanza, gratitud, perdón, resiliencia, perspectiva, autenticidad, etc.
Parece que Freud dijo : “Quiero convertir la miseria en una infelicidad corriente o normal”. Los expertos en la psicología positiva se preguntan por qué hay que quedarse en esa infelicidad normal y no buscar el auténtico bienestar. Y la asociación de ideas o la metáfora que irrumpe en mi mente, es que esa diferencia entre el pensamiento de Freud y los psicólogos positivos, tiene alguna similitud con el debate entre los que defendían la empresa como organización cuya tarea primaria consistiría en la creación de valor para el accionista, y quienes sostenían que, además, tenía responsabilidades ante todos los partícipes o interesados ( stakeholders).
Parece que hoy no se discuten estas últimas porque hasta las que parecían más recalcitrantes en la creación de valor como fin único, hoy están patrocinando proyectos de altísimo coste y relevancia social . Es más, tengo información contrastada que los grandes empresarios norteamericanos ya no compiten por figurar más arriba en el ranking de la revista Fortune ,sino en las cantidades que donan- y sobre todo su implicación personal y empleo de su tiempo- a diversos proyectos sociales o medioambientales.
Parece otearse en el horizonte una situación en la que la cuenta de resultados va a depender de la implicación social y de la imagen ética que sean capaces de transmitir las empresas.
¿Dónde encaja el coaching en esta ecuación?. Tengo experiencia contrastada de que cuando en lugar de centrarse en debilidades o carencias, el coach y el cliente se dedican a analizar sus virtudes y fortalezas- las de ambos, porque también el coach aprende y experimenta en la relación – enseguida se crea un espacio de pensamiento muy creativo y en él ocupa un lugar pre-eminente la situación estratégica presente y futura de la organización.
En este contexto de reflexión, entre el coach maduro y el ejecutivo senior, emergen ideas , proyectos, dudas- pensemos en todas las cuestiones éticas relacionadas con las operaciones de empresas multinacionales donde, digamos, no están claras las reglas del juego- y se concretan propuestas que el ejecutivo llevará más tarde a sus consejos o comités.
Es el coaching “de la tercera opinión”, expresión de una colega norteamericana con la que estoy muy de acuerdo. Las cuestiones de responsabilidad social, las éticas, tienen tanto calado, tanta relevancia ,que conviene a los directivos iniciarlas con profesionales expertos que actúan como “caja de resonancia”.
Por su propia naturaleza, necesitan una “tercera opinión”. La primera es la del propio ejecutivo, la segunda la de su consejo y la tercera, que es la primera en orden de utilización, es con un coach que no depende de la empresa para su supervivencia- no tiene los intereses que legítimamente defienden quienes son titulares de “la segunda opinión”- y que desaparecerá de la empresa cuando termine su trabajo.
La responsabilidad social y la ética hacia fuera de la empresa, nunca será auténtica ni por lo tanto percibida por los clientes y demás “stakeholders” si no se practica dentro de ella. En este sentido, el coaching ayuda a que el directivo comprenda – y después actúe en consecuencia- las motivaciones, las emociones, todo lo que fluye en las mentes y en los corazones de las personas, a veces sin poder expresarse porque ni siquiera son pensadas. Por lo tanto, sí, lo afirmo, el coaching es un instrumento más , y quizá no el menor en importancia, al servicio de la ética y de la responsabilidad social.
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La Acuatica apunta: septiembre 21st, 2008 at 1:27
Bueno creo que si por eso es social lo etico…..
Gustavo Ruiz apunta: octubre 22nd, 2008 at 14:26
Quizás la ética sea un concepto cambiante, sobre el que las personas mantenemos diversas posturas, dependiendo de la época en que nos situemos.
Las personas somos versátiles en nuestros criterios de interpretación de lo correcto – incorrecto.
Por ejemplo, en el valor para el accionista no sólo se incluían las acciones de los directivos de las empresas, también el rendimiento de los fondos de inversión de particulares, la rentabilidad de los planes de pensiones, de los depósitos a medio plazo. Así que el valor de las acciones se calculaba -se calcula- no por su PER -años teóricos para la recuperación de la inversión a partir del beneficio- sino por su valor de compra y de venta, mucho más voluble e inflaccionario.
Y en el caso español del precio de la vivienda, son miles las personas que adquirieron una vivienda sobre plano, que jamás iban a ocupar, por generarse un rendimiento económico extraordinario con la intermediación.
Pienso que algunas conductas empresariales no están mediatizadas por la ética de la persona, sino por la oportunidad de realizarlas y por la presión social. Ahora toca entonar el “mea culpa”, pero antes nos han alabado y premiado por hacer lo que había que hacer.
Un artículo excelente. Felicitaciones.