A vueltas con la felicidad
Socio Director de Human Coaching
Miembro de la Junta Directiva de AECOP
Albert Ellis, eminente psicólogo de la escuela cognitiva-conductual, considera que que hay unos valores que “permiten y favorecen un sano funcionamiento psicológico”.
Los principales valores según Ellis serían la supervivencia y el hedonismo. La supervivencia, entendida como intentar vivir el mayor tiempo posible y el hedonismo, como la búsqueda de la felicidad.
El hedonismo, o sea la búsqueda de la felicidad ha sido y es uno de los principales motores de la acción de las personas. Hacemos cosas para sentirnos bien, para estar a gusto, para que nos quieran, para que nos consideren, para alcanzar un objetivo, para demostrar a otros que somos capaces de hacerlo, por puro placer, ya sea sensorial o estético, para conocer, para saber.
Los caminos para alcanzar la felicidad, son infinitos, tantos como las personas, aunque suelen estar relacionados con la autosatisfacción (el reconocimiento por uno mismo) y con el reconocimiento por parte de los otros.
El diccionario de la Real Academia, da una definición de la felicidad bastante reduccionista, propone en concreto 3 definiciones:
1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien.
2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo
3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad
La felicidad sin embargo se asocia tanto al camino como al resultado. Para muchas personas lo importante es el camino, el esfuerzo, los recursos que se ponen en marcha para alcanzar un objetivo. El caso de un montañero que escala un ocho mil, por ejemplo, la felicidad la alcanza cuando corona la cima, pero es seguro que a pesar de las dificultades que debe superar, ese estado mental, que llamamos felicidad, lo alcanza en los momentos de planificación y preparación de la escalada, durante la misma y como no, en el camino de descenso y al volver al campamento base.
Generalmente se aceptaba que la búsqueda de la felicidad se debía hacer fuera del mundo laboral. O sea una persona debía trabajar y sufrir y los momentos felices se asociaban al descanso o a situaciones fuera del mundo laboral. El precepto bíblico de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, está marcando el camino de que el trabajo exige en general esfuerzo y sacrificio y la verdad es que en una buena parte de los habitantes de la tierra así es.
Lo que pasa es que en las sociedad avanzada en la que nos toca vivir, afortunadamente el trabajo ya no suele estar relacionado con el esfuerzo físico ni con un enorme sacrificio. En ese sentido la búsqueda de la felicidad también se traslada al ámbito laboral. Se trata de tener un trabajo que te permita disfrutar, realizarte como persona, conseguir logros, obtener reconocimiento por los demás, en suma hacer bien las cosas y pasarlo razonablemente bien.
Pero aunque el tipo de trabajo lo permita teóricamente, los obstáculos para alcanzar la felicidad son muchos. Hay multitud de personas desgraciadas, que lo pasan mal en sus trabajos, que sufren.
Algunos autores dicen que la felicidad es un estado mental, que depende esencialmente de las percepciones de la persona y no de las circunstancias objetivas. John Locke decía que “los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias” y Inmanuel Kant que “La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación”.
Muchos directivos son infelices porque quieren cambiar o evitar cosas que no dependen de ellos. En ese sentido están errando el tiro. Deberían proponerse objetivos que en esencia dependieran de ellos mismos, que fueran razonables y alcanzables.
Otros lo son porque no aceptan sus limitaciones, se autoexigen demasiado o se pasan el tiempo lamentándose de las mismas. Si yo fuera, si yo pudiera, si yo supiera…
También están los directivos infelices por sus relaciones con los que le rodean, ya sean colaboradores o colaterales. No les aceptan como son, seres imperfectos y con limitaciones y se pasan el día lamentándose de lo que los otros debieran ser o debieran hacer y no son o no hacen; en lugar de centrarse en ayudarles a mejorar su desempeño o a modificar sus comportamientos mediante la influencia o persuación, se enfadan porque no se comportan como ellos quisieran. También existen los directivos “agonías”, que cuando consiguen algun logro, en lugar de disfrutar del momento, reconocer a su equipo y vivir esa felicidad, se dedican a pasar rápidamente a otro tema y fijar otro objetivo.
Estos directivos son auténticos “chupadores de sangre” de sus equipos, a los que suelen dejar exhaustos. En las sesiones de coaching con los clientes, se presentan todo este tipo de situaciones y algunas más.
La labor del Coach consiste esencialmente en aportar luz a la situación y ofrecer otros puntos de vista que hagan que ese directivo infeliz perciba la situacion de otra manera, de forma que vaya él solo encontrando ese camino que conduce a la felicidad. Que como todo el mundo sabe, es como el Santo Grial, siempre se busca, se persigue, pero nunca se acaba de encontrar.
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