Un lugar humano para trabajar
Por Helena Lopez-Casares Pertusa
El concepto tradicional de empresa evoluciona hacia un modelo de desarrollo sostenible en todos los aspectos. El humano es uno de ellos.
La mayoría de los estilos de dirección, hasta ahora conocidos, han estado marcados por la cultura de lo irrelevante, del vacío, de la presión, que, en definitiva, crea soledad y aislamiento, una situación que se contrapone con el carácter social que distingue a las personas.
Aristóteles definía al ser humano como un animal racional y social, estableciendo que la esencia de la naturaleza humana está en su racionalidad y en su sociabilidad.
Entonces, ¿qué pasa en las empresas? ¿Por qué actuamos como si no necesitáramos a los demás? ¿Ahí el hombre deja de ser hombre? Vivir en sociedad no es “estar junto a”, sino “interactuar con”, pero en un entorno sano, con todo lo que implica: respeto, confianza, comunicación e integridad.
Si usted se acerca a una librería, a la sección de libros de empresa o economía, fíjese en la cantidad de obras que unen la palabra ética con empresa. Todos son voces que se alzan en defensa de la visión ética y humanística aplicada a la gestión empresarial, poniendo de manifiesto que ha llegado el tiempo de participar activamente en el necesario cambio que se debe dar en el estilo de dirección y que se viene reclamando desde distintas esferas.
Durante la lectura del libro Valores humanos en la empresa escrito por Ken O´Donnell, un consultor con más de 35 años de experiencia en el mundo organizacional, me encontré con una reflexión del autor, que me hizo detenerme y pensar. El comentario decía: “si no mejoramos las cosas que podemos mover, jamás conseguiremos mejorar lo que no tocamos”.
Este pensamiento, aplicable a cualquier ámbito de la vida, es una plataforma para la acción, para la movilización, para tomas las riendas del caballo que nos ha tocado montar. ¿Por qué sufrir mientras llega lo que ansiamos? ¿Por qué no mejorar lo que sea posible ahora?
Estas dos preguntas abren la puerta hacia una nueva forma de entender el mundo. Siguiendo los caminos tradicionales, nos convertimos en víctimas de lo que nos rodea, si seguimos las directrices de estas preguntas nos catapultamos hacia una vida mejor y más positiva, de la que seremos protagonistas activos y no espectadores pasivos.
Pero la realidad empresarial es a veces fría y nos conduce por los caminos de las emociones negras: tristeza, depresión, ansiedad, baja autoestima,… que provocan el hundimiento del ser humano que somos. No podemos permitir esto. Tenemos que cambiar lo que tocamos y romper la telaraña de la esfera del miedo, que se torna, en muchos casos, en acomodamiento.
Desde la mirada del empresario o del directivo, hay que predicar con el ejemplo y poner en práctica el componente humano en las organizaciones, pasándolo de los discursos, papeles y frases hechas a la política real. Desde el punto de vista del trabajador, hay que incorporar los valores y virtudes necesarias para que lo que nos rodee sea cada vez mejor.
Tenemos más poder de cambio del que nos imaginamos. Si esta rueda, que mueve las relaciones humanas y la sostenibilidad continua, está adecuadamente enganchada al corazón del negocio, bombeará sangre a todos los rincones de la corporación.
Helena López-Casares Pertusa

Julio 11th, 2007 at 17:01
Me parece que en este gran proceso de transformacion en el que “enfoques humanistas” estan teniendo mayor aceptacion, una de las condiciones para contribuir a este “contagio” de buenas voluntades, con objetivos muy claros de mejora en todos los aspectos de una empresa (entre otros muchos), es imprescindible asumir el cambio desde lo mas profundo. Es cierto que el estar al frente de una empresa, en un cargo de liderazgo, puede tener mayores repercusiones -para bien o para mal-, sin embargo desde cualquier sector el cambio mencionado es posible y tiene sus efectos. El trato humano lo brindamos desde el momento de despertar y hasta volver a dormir, el trato “humano” nos lo damos -o no- a nosotros mismos. Esto significa que con cada persona que topamos e interactuamos, tenemos un efecto, una influencia. Nos corresponde decidir “que tipo de influencia” queremos tener, que semilla queremos sembrar a cada paso que damos.