Por Javier González Marín
Coach Profesional Ejecutivo, acreditado por AECOP

Me invita Antolín a compartir el análisis de un caso práctico de coaching en que haya tenido la responsabilidad como coach.
Empiezo a dar vueltas a algunos de los que me hayan aportado aspectos más enriquecedores para compartirlos.

A la vez recuerdo que he leído bastantes casos presentados por otras personas de la asociación, con una detallada exposición de conceptos e ideas importantes.
Debido a ello decido que a lo mejor puede ser más interesante compartir algunas de las críticas, reflexiones y análisis que he desarrollado en los últimos años sobre mi propia actuación como coach.

Y dado mi carácter practicón, eso de estudiar ciencias le marca a uno mucho, pues lo voy a relacionar con uno de los procesos iniciales en los que trabajé.

Un inciso, me identifico con este verbo último que me ha salido.
Había un eslogan antiguo que decía “ El taxi para el que lo trabaja”.
Mi experiencia en el coaching me dice que la analogía es evidente. Tenemos que trabajar, mucho y de verdad en nuestro papel de coach.

Vamos a por el objetivo expuesto.

Programa de coaching en una compañía nacional dirigido a distintos niveles directivos.

Me asignan a Juan como coachee.
Juan es Ingeniero Industrial con una amplia experiencia en áreas técnicas y en diversos sectores industriales.
Juan es un directivo de nivel medio en la organización y lleva trabajando muchísimos años en la compañía. Debido a su edad, posiblemente esta sea su última etapa profesional.
Juan es una persona muy educada, correcta, respetuosa, de una consideración personal positiva hacia mí como coach.
La verdad, su carrera profesional no había sido lo que él esperaba y era evidente su nivel de insatisfacción y desmotivación profesional.

Habíamos escuchado en repetidos momentos de nuestros procesos de formación como futuros coach, que nos podíamos encontrar con situaciones problemáticas en los procesos de coaching que tuviéramos que dirigir.

Que algunos coachees podían presentar aproximaciones negativas a los mencionados procesos.

Incluso habíamos trabajado mucho las formas de tratar estas situaciones. Visto desde el momento actual quizá demasiado focalizado en herramientas, pero con el tiempo uno se va dando cuenta de cual podía haber sido el mejor método de aprendizaje.
Afortunadamente todo va evolucionando.

Primera entrevista. Con mucha ilusión inicio el proceso presentando a Juan los objetivos y acordando con él la logística del mismo.

En este momento y de una forma muy correcta me dijo:
“ No creo nada en estos procesos de coaching”
“ No es el primero en que participo”
“ Estos programas que se inventan los de recursos humanos”

Estas afirmaciones me dejaron inicialmente desconcertado, pero mi desconcierto fue aún mayor cuando finalizó su argumentación con la siguiente expresión.

“ Uno de los días mas felices de mi vida fue aquel en el que una hija mía que también trabajaba aquí, dejó la compañía”

Bueno este fue el comienzo del proceso.
Estaba claro que teníamos campo de actuación.

Se habían superado todas las expectativas que sobre posibles actitudes negativas habíamos estado evaluando y trabajando.

El proceso se desarrolló en unos 3 meses, mediante 3 entrevistas con alguna acción de seguimiento en dicho periodo.

Simplemente y sin entrar en muchos detalles, la estrategia que seguí, fue dirigir un proceso personal pero aislándole durante ese periodo de que “viviera” la organización y posteriormente volviendo también al campo profesional.

¿Cómo me sentí al final de la primera entrevista?

Mi experiencia en varias organizaciones, con un contacto real con muchas personas me decía que estas situaciones ocurren con cierta frecuencia.
Sin entrar a valorar en ese momento la situación profesional, nos pusimos a charlar y a conocer los distintos aspectos de su vida personal.

Aparecieron cuestiones de autoestima, propia responsabilidad, necesidades afectivas y en ese campo estuvimos trabajando.
Estaba en general muy desubicado y tratando de situarse en su propio mundo.

¿Cuál fue el resultado del proceso?
¿Consiguió Juan alguna mejora en su motivación y competencias directivas?
¿Se produjo algún cambio significativo a nivel personal en Juan?
¿Modificó algunas de sus percepciones respecto a estos procesos?

El resultado no fue maravilloso. Digamos que fue esperanzador.
Desde una situación complicada, conseguimos que manifestara una cierta movilización interior, se produjo un cambio positivo en su actitud general y curiosamente también hacia el proceso en sí.

¿Qué enseñanzas me dejo esa experiencia y fundamentalmente viéndola ahora con una perspectiva más amplia?
Pasados estos años y analizando a fondo este caso, en mi opinión, allí se produjo un aspecto clave en el coaching, que la experiencia posterior me ha ratificado.

Está claro que si queremos conseguir una mejora, un auténtico cambio, tenemos que llegar a la persona.
No hay otra solución.

Yo creo que durante el proceso conseguí llegar a Juan.

Entonces la pregunta podría ser:
¿Qué comportamientos personales y profesionales tenemos que poner en practica los coach durante el proceso para llegar a las personas?
¿Qué comportamientos despertaron el interés de Juan?

Mi opinión es que no debemos pensar solamente en el coachee durante el proceso, debemos pensar también en los comportamientos que el propio coach tiene que mostrar.

La mayoría de las personas percibimos y reaccionamos positivamente ante los demás cuando se nos ofrece ayuda, interés, dedicación, estimulo, critica, confianza, cercanía, exigencia, reconocimiento.

Son nuestros comportamientos y habilidades los que pueden generar los comportamientos deseados en nuestro compañero de proceso.

Pero me permito ir un poco mas allá.
¿Creemos de verdad como coach en este planteamiento?
¿Creemos como coach en que podemos ayudar y ser catalizadores de procesos de cambio y mejora en las personas?

Mi percepción es que si lo creemos de verdad, somos capaces de ponerlo en practica y lo más importante transmitirlo, aún en las situaciones más difíciles.

Hoy, después de varios años, sin duda, podría ser más competente y eficaz en llevar el proceso de coaching de Juan, pero si veo claro que si pudimos juntos conseguir esos pequeños pero importantes cambios, fue debido a que los dos pusimos en práctica esos comportamientos mencionados.

Gracias a todas las personas por dedicar unos minutos a la lectura de estas reflexiones y me despido con la ilusión de que compartamos algunas de estas ideas.

Javier González Marín

  • La RSC es rentable para las empresas
  • Lista de Coaches Certificados
  • 3ª Edición Programa Internacional de Coaching Ejecutivo
  • 2ª Edición Programa Internacional de Coaching Ejecutivo
  • PRIMERA JORNADA PSICOLOGIA Y COACHING EN LA EMPRESA: Barcelona, 9 de octubre 2008