Coaching y conciliación
Por Antolín Velasco
Socio Director de Human Coaching y Vicepresidente de AECOP
Las palabras son como duendes, seres mágicos y esquivos que existen en la mitología y en la imaginación de niños y mayores, que tienen vida propia y una vez han sido pronunciadas o escritas por alguien, siguen su camino, recorriendo vericuetos insospechados, para recalar en el lenguaje e incorporarse a los usos y costumbres de las personas.
Una de esas palabras es conciliación, que inicialmente se refiere al acto de conciliar, o sea, según la RAE a: ‘Poner de acuerdo [a dos o más personas entre sí]‘ y ‘hacer compatibles [cosas opuestas entre sí]‘.
Sin embargo en los últimos años, se ha venido en llamar conciliación a la acción/intención o más bien a la necesidad de hacer compatible en las empresas la vida privada de sus trabajadores con las obligaciones laborales de los mismos.
La palabra conciliación ha tenido sin duda un gran éxito primero en la literatura de management y luego ha escalado hasta los programas de los Partidos Políticos e incuso a la legislación vigente, tal y como recoge la ley 39/1999, actualizada el 14 de mayo de 2002.
El origen de la misma, tal y como se recoge en el preámbulo de la ley, que realizó la transposición y mejoró algunas directivas europeas al respecto, está ligado al enorme aumento de la presencia de la mujer en el trabajo y a la necesidad de facilitarles la vida, para evitar esencialmente el hecho de que abandonaran el trabajo al ser madres.
Sin embargo la palabra conciliación ha seguido “progresando” y tomando una dimensión aún mayor, más integradora de casos y situaciones que evidentemente suponían y suponen auténticos problemas en el mundo del trabajo.
Eso quizás sucede porque tiene un punto de ambigüedad, que hace que aunque tiene una orientación determinada, cada cual lo entienda de una manera que en absoluto es coincidente con el de otras personas. O sea una primera conclusión de esta disertación es que hay raseros muy diferentes para medir la conciliación y lo que es conciliable para algunas personas, no lo es para otras.
La “palabra duende” por lo tanto ha progresado, se ha mutado y desde hace algún tiempo se utiliza para hablar de la compatibilidad entre trabajo y vida privada para todas las personas (no solo para las mujeres) y en especial para los ejecutivos.
Los ejecutivos, que son habitualmente los clientes del coaching, se quejan amargamente de que no llegan, no les da tiempo, no ven a su familia, se pasan el día trabajando en jornadas interminables y no llegan a las cosas, se dedican a apagar fuegos y se pasan el día corriendo de reunión en reunión, de viaje en viaje. Pasan los años y se van distanciando de su familia.
Si esos ejecutivos son mujeres, se añade a ese sentimiento, el de culpabilidad por tener “abandonada” a su familia y puede derivar, de no solucionar la situación, en trastornos importantes. También se produce la situación en la que ese ejecutivo, sea hombre o mujer tiene ante sí una oportunidad de promoción que exige por ejemplo un traslado a otra ciudad y es entonces cuando se le presenta el dilema de escoger entre trabajo y/o carrera profesional y familia.
Esas son algunas de las situaciones que salen en las sesiones de coaching. El trabajo del coach consiste entonces en ayudar al coachee a entender la situación, en encontrar las causas, las raíces de los problemas. Si el problema es de falta de tiempo, de exceso de horas “dedicadas” al trabajo (que muchas de ellas no son productivas) se tratará de la organización del equipo, de la delegación, de la supervisión del mismo, de la priorización de tareas, etc….
Si el problema fuera de elección de alternativas vitales se tratará entonces de que el coachee reflexione sobre los caminos que se le abren y por lo tanto pueda elegir el que más le convenga.
Se trataría en suma de reformular la definición y convenir en que conciliar sería más bien: ‘Poner de acuerdo a una persona consigo misma para hacer compatible su trabajo y el resto de actividades de su vida”

Agosto 29th, 2008 at 0:19
El coaching tradicional está bien en estos casos y puede paliar el problema pero dificilmente resolverlo.
En mi experiencia trabajando con ejecutivos, sólo una minoría domina el arte de la organización personal, arte que por otro lado no se adquiere ni se desarrolla de la noche a la mañana.
Las técnicas tradicionales de gestión del tiempo están superadas y han demostrado no ser suficientes para las necesidades actuales.
Lo que la mayoría de estos ejecutivos necesita es incrementar su productividad un 20%-40% y eso requiere o dedicar un mes integro de vacaciones a formarse uno mismo de forma intensiva o trabajar conjuntamente durante varios meses con un especialista en productividad personal.
JM