¿Qué hacer?, con lo que “llueve”
Por Antolin Velasco
Socio Director de Human Coaching y Vicepresidente de AECOP
El arte de dirigir una empresa en el fondo se reduce a dos cosas: clientes satisfechos y empleados motivados. Digamos que ambas cosas están interrelacionadas.
Se supone que si una empresa tiene satisfechos a sus clientes, es que habrá dado con el producto/servicio adecuado, que tendrá una buena distribución; su comunicación al mercado y por lo tanto su marketing será bueno. Asimismo tendrá una fuerza de ventas, que conseguirá mantener e incluso ampliar su cuota. La satisfacción de sus clientes indica que su postventa funciona, se atienden las preguntas y reclamaciones de forma debida y no mediante una máquina, con la que desgraciadamente nos topamos últimamente muy a menudo.
En lo referente a la fabricación, es de suponer que tendrá unos procesos ajustados y unos costes competitivos. Asimismo sus procesos de administración, compras, facturación, cobros, se soportarán en sistemas que hagan esas tareas de forma eficiente.
Todo esto en las empresas lo hacen personas, empleados, “corazones latientes”, que piensan, siente y padecen.
Los empleados de las empresas que funcionan bien están motivados, les gusta su trabajo, tienen orgullo de pertenencia. Saben donde va la empresa, cuales son sus planes, porque alguien se los ha contado. Se cuenta con ellos, se les piden iniciativas y son proactivos. Saben que son ellos los que hacen funcionar la empresa y naturalmente se les retribuye adecuadamente, tiene un reconocimiento por el trabajo.
Esto que se dice en pocas palabras, no es sin embargo sencillo y mucho menos en tiempos como los que vivimos, en los que el mundo cambia muy, pero que muy deprisa. Esos cambios bruscos nos descolocan, nos producen desasosiego y quizás angustia. Al género humano le gusta la tranquilidad, la seguridad, las cosas previstas, que se cumpla el “orden establecido”. En estos tiempos de crisis, eso no sucede. Caen las ventas debido a factores externos, que están fuera del ámbito de decisión/responsabilidad de la empresa. La aldea global dicta su ley. Se cumple el “efecto mariposa”. Las hipotecas subprime de Illinois, han acabado por arruinar nuestra cartera de pedidos. ¿Qué podemos hacer?
No resulta fácil encontrar recetas, que no las hay. Cada empresa es un mundo y es en ese ámbito donde está la solución. Pero de lo que no hay duda es que son los directivos y los empleados de las empresas los que la deben encontrar. Toca recapitular, analizar, mirar hacia dentro, hacer ajustes, algunos quizás dolorosos. Hacer de la necesidad virtud y ser más eficientes, redefinir los procesos. Buscar ese talento que existe en todas las organizaciones. Reinventarse, confiar en las personas y en su inmensa capacidad de adaptación y de innovación.
Es ese precisamente el reto que los directivos tienen en estos momentos y para ello, el coaching es una herramienta más que valiosa. Un Coach puede ayudar al directivo a realizar la reflexión que requiere su empresa, es el espejo en el que el directivo piensa en voz alta y se hace las preguntas adecuadas, se plantean los problemas a resolver, se buscan las alternativas posibles, que casi siempre están a la vista, pero que si no se para uno a pensar, pasan desapercibidas ante la mirada cuotidiana. En el proceso de coaching se pueden empezar a movilizar las “fuerzas dormidas” de las empresas.
Este “coaching estratégico” se inicia de forma individual con una o varias personas del más alto nivel en la empresa y continúa luego con el Comité de dirección, sirviendo de hecho para iniciar un proceso de renovación y adaptación que sin duda, esa empresa está necesitando o va a hacerlo, para sobrevivir.
El papel del Coach será el de establecer el entorno adecuado para que esa reflexión “fluya” suavemente. Para que el directivo encuentre el lugar y el momento para iluminar un camino que no siempre se presenta con claridad. Para liderar un equipo de personas, su comité de dirección, que dé a la empresa el impulso que necesita para sortear las enormes dificultades que se presentan.
Antolín Velasco Maillo
Socio Director de Human Coaching
Vicepresidente de AECOP

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