Coaching y psicología
Por José Luis Rodríguez, BLC Human Coaching
Los psicólogos que salieron en las primeras promociones en España, a principios de los 70 del siglo pasado, teníamos claro que había que luchar por hacerse un hueco en el panorama profesional del país, convencidos de que la psicología aportaba un ángulo, un enfoque, un marco diferente de ver a los individuos, a las personas, como miembros de la sociedad.
Uno de los huecos a abrir era en el terreno de la sanidad donde parecía obvio que la psicología tenía mucho que aportar, pero los jóvenes psicólogos se encontraron con la oposición frontal de la clase médica a la que tildamos en su día de corporativista, pues defendían los intereses del colectivo médico por encima de los intereses de los ciudadanos pacientes, cuya salud sobre todo la mental mejoraría mucha con la aplicación de las técnicas y los conocimientos psicológicos.
La resistencia médica duró largos años hasta que se consiguió por ejemplo la inclusión de los psicólogos residentes, los PIR, y en la actualidad todavía colea por la oposición a que los psicólogos ocupen determinados puestos dentro de la sanidad pública. Estos conflictos generaron un espíritu anti-corporativo en los psicólogos que por desgracia se ha venido debilitando en las últimas décadas.
Por lo tanto, en aquella primera época era impensable que algunos colegios de psicólogos fueran posteriormente a tomar posiciones corporativas frente a otras nuevas profesiones como la sociología o la antropología, por poner sólo un ejemplo, y a reivindicar para los psicólogos cualquier etiqueta que incluyera la palabra psicología o el afijo psico, de manera que los psicólogos que se consideraron como “víctimas” de los médicos iban a ser después agresores de otros colectivos profesionales.
Menos mal que la palabra coaching ni sus posibles traducciones como entrenamiento, no contiene el término psico en ninguna de sus posibles acepciones o sinónimos. Sin embargo, en algunas ocasiones escuchamos reivindicar a algunos psicólogos que el coaching es un terreno profesional idóneo para la psicología o que sería conveniente que todos aquellos que quieran llegar a ser coach tuvieran estudios de psicología.
Por fortuna, el coaching surgió vinculado al deporte o al trabajo directivo en las organizaciones, lo que evitó cualquier posible tentación de los psicólogos por reivindicar ese campo profesional. Esto no supone desconocer que ciertos conocimientos que proporciona la psicología y en particular la psicología social o la psicosociología de las organizaciones puedan ser muy útiles para aquellos profesionales que pretenden convertirse en coach, aunque hay que dejar claro que esos conocimientos y técnicas psicológicas son tan útiles para el coaching como otras habilidades sociales que tienen que ver con la comunicación, el liderazgo, la experiencia empresarial u organizacional en general y tantos otros conocimientos que se forjaron y consolidaron fuera del terreno de la psicología. Si alguien me preguntara que es mas importante para el coaching ejecutivo, la psicología o las experiencia empresarial, no dudaría en contestar que una experiencia amplia y reflexionada en las organizaciones.
Por otra parte, los psicólogos para demostrar su pedigrí de científicos y encontrar una legitimación profesional se dividieron en multitud de camarillas o facciones que se consideraban antitéticas y que ignoraban y no reconocían los logros que los otros grupos iban logrando. Y así tuvimos y aun seguimos en cierta medida teniendo, gestaltistas, frente a conductistas y psicoanalistas, refléxologos frente a skinnerianos o conductistas sociales de Bandura; los psicoanalistas podían ser ortodoxos, jungianos, lacanianos, kleinianos o los psicoanalistas argentinos de Pichon Riviere; había sistémicos de Palo Alto en California y practicantes de los sistemas sociotécnicos de la clínica Tavistock del Reino Unido, cognitivistas o expertos en programación PNL, y dentro de la psicología social interaccionistas simbólicos, lewinianos y construcionistas sociales; por citar solo algunas facciones dejo unas cuantas mas en el tintero.
Pues bien, estos intentos por alcanzar el pedigrí adecuado se han trasladado en algunos casos al campo del coaching donde al ser multidisciplinar y con profesionales procedentes de campos muy variados, hasta ahora no se ha exigido una titulación exclusiva y existen problemas para definir las acreditaciones por parte de las incipientes asociaciones creadas al respecto. Y así algunos dentro del coaching tratan de crear grupúsculos que para definirse se dan una etiqueta, a veces una simple marca, que pretende ser excluyente del resto. Y así escuchamos que hay coaching con influencias teóricas del conductismo, del psicoanálisis, de la teoría de sistemas de Palo Alto o incluso algunos tienen la vana pretensión de practicar el coaching ontológico, dando entrada a la filosofía por una puerta falsa pintada con tintas marketinianas de escaso contenido filosófico. Vuelvo a decir, que el problema de estas facciones es que no reconocen las aportaciones que hacen los demás profesionales, a los que niegan el pan y la sal, es decir, el pedigrí de ser una ciencia y no mero arte.
Sería bueno, por lo tanto, que las asociaciones que se reclaman como defensoras del coaching tuvieran cuidado en no asumir problemas importados de una mala asimilación de la psicología. Y sobre todo, sería fundamental reconocer el carácter multidisciplinar del coaching en un mundo donde cada vez resulta mas difícil encontrar carreras que se corresponden con campos científicos puros, y así observamos hoy en día que en varias escuelas de ingenieros se estudia sociología, economía, teoría de las organizaciones y empresas, que los médicos estudian psicología, economía, antropología o sociología y los sociólogos por poner sólo unos pocos ejemplos estudian historia, economía, antropología, psicología social, etc. Cada día surgen carreras mixtas donde colaboran especialistas en varias disciplinas, como por ejemplo ciencias del trabajo con temas de economía, derecho, psicología y sociología; y otras carreras mixtas como ciencia y tecnología de los alimentos, biblioteconomía y documentación, etc.
Es decir, la tendencia académica actual es estudiar parcelas de la realidad como la alimentación, el medio ambiente, el trabajo, la dirección de las organizaciones,…, donde hay diversidad de perspectivas y enfoques de disciplinas científicas cuya aportación al campo de estudio es fundamental.
Tiene sentido, pues, evitar a toda costa el corporativismo en el coaching, a evitar las barreras rígidas de entrada para profesionales de distintas disciplinas, a evitar las facciones bajo capa de conocimientos antagónicos que conceden el pedigrí frente al resto de las facciones y que sólo esconden una lucha por el poder profesional.
Es indudable que el coaching ha de agradecer las aportaciones de la psicología, al igual que de otras ciencias sociales, y que los coach deben tener una adecuada formación y entrenamiento en ciertos conocimientos y técnicas que han surgido cuando los psicólogos se han puesto a estudiar a las personas y su comportamiento en los distintos grupos y colectivos a los que pertenecen. Pero de ahí a exigir que el coaching sea una parte de la psicología hay un abismo que si alguien quiere salvarlo se encontrará con que puede romperse la crisma.
También sería bueno para la psicología como profesión no ejercer el corporativismo con el coaching como, por desgracia, lo ha hecho con otros profesionales en las últimas décadas.
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gustavo ruiz apunta: febrero 23rd, 2009 at 18:01
Estoy francamente de acuerdo con el fondo del artículo, en el sentido de que el corporativismo no deja de ser una rémora para el progreso de la sociedad y de los servicios que se pueden prestar en ella.
Aún así, hecho en falta algo de autocrítica en materia de corporativismo coaching, considerando las trabas y requerimientos que se les demandan a quienes pretenden aplicar su conocimiento en este área del entrenamiento organizativo. Respecto de los psicólogos como entorpecedores del desarrollo del coaching, añadir que la British Psychological Society tiene un grupo de estudio dedicado a la materia y que el Colegio de Psicólogos de Madrid ha autorizado la creación de otro de las mismas características. Para finalizar, es conveniente hacer una revisión de las corrientes psicológicas de que se alimentan el coaching deportivo y el ejecutivo, para comprender que no está tan alejado de lo que los psicólogos denominan terapia, aunque su aplicación no pretenda ser curativa. Por mencionar algunas escuelas de picología de las que se alimentan los coaches, en la actualidad:
- Análisis Transaccional.
- Terapia Breve Estratégica.
- Terapia Sistémica (barnizada de PNL -Milton Erickson, Virginia Satir, Pearls)
- Ejercicios vivenciales extraidos de la Terapia Gestáltica.
- Terapia Centrada en el Cliente, de Rogers.
Si a ello añadimos que el precursor del concepto de preguntas poderosas fue Adler, psicoanalista de la escuela americana, queda claro que los psicólogos tienen todo el derecho a desear encontrar un camino adecuado para incrementar su prestación de servicios, sin necesidad de someterse a las reglas establecidas por los diversos certificadores que abundan en el paraje Occidental. Están en su pleno derecho, sin necesidad de acudir a un presunto corporativismo.
Los psicólogos, en general, hacen muy bien este tipo de trabajo, como saben los economistas y los ingenieros. No parece adecuado que sean estos quienes certifiquen a aquellos para hacer lo que saben hacer.
Un saludo
German apunta: marzo 26th, 2009 at 0:48
Personalmente no puedo opinar como psicólogo profesional, formado en la carrera, pero si que me gustaría dar una humilde opinión desde la vertiente del que hubiera gustado ser psicólogo, y se formó a través de la psicologia humanista, fundamentada en el Análisis Transaccional, y también en PNL, GESTALT, el ENEAGRAMA, las constelaciones familiares, Grafologia y Morfosicologia, … y esas otras psicologías alternativas.
La psicologia es amplia, muy amplia, y nos puede aportar mucho, .. que redundando en el crecimiento y la madurez personal, es lo que posibilitará ser un buen coach.
Por ende, sin abundar en lo que ya se ha dicho, y por aportar algo más, … que tal si introducimos ese termino tan comercialmente explotado como la INTELIGENCIA EMOCIONAL, para la cual, “alguien” (y no voy a referir su autor, … porque creo que TODOS YA UTILIZABAMOS ESE TERMINO EN LA PRÁCTICA, .. POR TANTO, … TODOS SOMOS AUTORES), .. por tanto, .. ese “alguien”, le supo dar un buen enfoque marketiniano y vendió muchísimos libros, pero redundó en algo que es fundamental para conocerse y dar los pasos necesarios para crecer internamente.
Verónica apunta: febrero 11th, 2010 at 14:08
Creo que hay que ser serios y rigurosos. La sociedad se lo requiere. La buena intención no es suficiente.
Veo que existe bastane ignorancia y/o intereses privados.
El Ministerio deberia regular todo esto del coaching, ante las personas que hablan sobre lo leido o que se despiertan creyendo que su misión es ayudar o se inventan una profesión para tener ingresos.
Fernando apunta: abril 21st, 2010 at 15:04
Dudo mucho que el señor José Luis Rodríguez sea Doctor en Psicología, si fuera así, le animo a que vuelva a repasar los libros de Psicología (todos los que pueda), por que hablar del Coaching como algo novedoso y diferente a lo que se hace desde décadas en Psicología es simplemente no estar bien informado.
Manuel Seijo apunta: mayo 6th, 2010 at 16:28
Bonito debate,
A mi me gustaría empezar diciendo que si de lo que se habla es de “coaching ejecutivo”, estoy de acuerdo que se compone de tres patas.
1.- Experiencia en roles directivos y de trabajo en grupos y organizaciones
2.- Conocimiento de las teorías del management.
3.- Conocimiento de Psicología. (Organizacional e Individual)
Estos tres componentes forman bajo mi punto de vista la base de la formación de un coach ejecutivo. Lo repito y lo diré siempre.
Pienso que los conocimientos psicológicos y su aplicación, en el coaching ejecutovo son esenciales.
Es un conjunto de conocimientos y experiencias en organizaciones y personas en organizaciones lo que nos permite entender y ayudar a pensar a nuestros coachees.
El gran problema es la diversidad en el campo psicológico de escuelas y teorías, y, las grandes batallas entre sus seguidores.
Creo que es la (ciencia) profesión en donde sus miembros más se pueden atacar, denigrar, desvalorizar dependiendo de la escuela en la que uno “crea” o se “identifique”.
Algunas veces resulta hasta penoso desde fuera, pero también debo de decir que realmente me asustan algunas prácticas psicológicas realizadas por licenciados en psicología, reconocidas dentro del ámbito de la profesión. Pienso que al coaching llegan cada vez cosas más extrañas en ese apartado y de dudosa ciencia psicológica.
Y si eso lo trasladamos al coaching personal, debo de decir que me encuentro con mucho psicólogo clínico o que no consiguió ser psicólogo clínico realizando coaching. Que cuando hablan en una conferencia hablan de “paciente”, y, eso si me preocupa. Porque parece ser que existe una diferencia entre una psicoterapia y un coaching, o no.
Realmente creo en el coaching ejecutivo, no creo en absoluto en el coaching personal, creo en la psicoterapia, y, no en todas.
Creo que el gran mal del coaching es la mezcla de la psicoterapia en el coaching personal. Esa práctica oscura y difusa.
Otra cosa es que dentro de la formación de coaching ejecutivo se necesitan técnicas que vienen del mundo de la psicología clínica, pero el foco no es el mundo interno de la persona, es el mundo externo y las competencias y habilidades a desarrollar dentro del rol que asume un individuo en una organización. Es verdad que ciertos bloqueos vienen de ese mundo interno y tenemos que saber el limite del coaching y la psicoterapia. Tenemos que conocer las teorías y aplicaciones de la psicología organizacional. Me encanta rescatar a Kurt Lewin, algunas veces, sobretodo cuando hablamos de que todo esto ha nacido ahora.
Las asociaciones, acreditaciones y otros corporativismos nacen cuando existe un vacío legal. Entre otras cosas para tratar de dignificar un producto o al menos para tratar de generar un marco de calidad. Creo que es licito que los psicólogos reivindiquen una parte del coaching, pero, por favor, no toda.
¿Cuantos años se ha tardado en que exista la especialidad de Psicólogo clínico?¿Debe ser un colegio oficial el que deba regular el coaching?¿Cuando llegue el día, a quién tendrá en cuenta el ministerio de turno?. Porqué ese día llegará.
Que razón tienes, José Luis, cuando preguntas si aún existe un campo científico puro. Yo creo que cada vez menos, y sobre todo en los comportamientos de las personas. Y si vemos la formación académica en los países anglosajones, ni te lo voy a contar.
Todos nos alimentamos de todos, la pluralidad enriquece el conocimiento.
Por otra parte, he conocido mucha gente, que no estudio psicología que tiene más aptitudes para trabajar en ese campo que muchos de los psicólogos que ejercen. He conocido gente que no son licenciados en psicología que saben más psicología que muchos que ejercen la profesión. Pero hoy en día también tengo el gusto de conocer mucho psicólogo que tiene más conocimientos empresariales que muchos empresarios.
Hablemos de comportamiento humano, y, de eso, nos deberían formar a todos. Debería estar en la más mínima formación universitaria.
José Luis, no es la primera vez que leo uno de tus escritos y comparto plenamente muchas de tus tesis. Me alegra leerte. Gracias.
Tim apunta: mayo 20th, 2010 at 17:18
¡Vaya tema! Estoy de acuerdo con Manuel – bonito debate – y que, además, tocas algunos temas muy importantes, temas que ni van a desaparecer rápidamente ni tienen fácil resolución. Me permito comentar algo – pido paciencia si resulta algo largo.
La cuestión de la regularización de ciertos sectores y a quién le compete hacerlo es difícil. La propuesta de Verónica de que sea “el ministerio” quién regule pide la pregunta “¿qué ministerio?” ¿Sanidad?, ¿Educación? ¿Hacienda?, ¿Industria? No cuesta mucho pensar argumentos a favor y en contra de cada opción. Pero la intervención de cualquier agencia gubernamental supone e implica respaldar ciertas maneras de hacer y condenar otras. Ni es este el espacio para hacerlo, ni soy yo quien para meterme con el PIR (o con el MIR ya que estamos) pero es cuestionable la relación entre la realización efectiva de intervenciones reales con seres humanos de verdad y la memorización de cantidades interminables de datos. Por no decir nada de la sustitución paulatina de habilidades humanas con protocolos y procedimientos estandarizados.
Lo que dice Manuel de las aparentes guerras (o al menos ecaramuzas) fratricidas entre psicólogos es un resultado casi inevitable de la naturaleza ecléctica de la ciencia de la psicología. Cuando hay un nuevo modelo de intervención, sea psicodinámico, tcc, constructivista u otro se le añade como “uno más” al acervo ya existente. Pero el caso es que no todos pueden representar lo más acertado del conocimiento humano hasta la fecha. En cualquiera de las ciencias más duras (por ejemplo la física) esta situación se vería como patentemente absurda. Parte de la dificultad está en la propia metodología de investigación – el principio Popperiano de falsación no ha calado muy hondo en la psicología – con el resultado de que tenemos muchos modelos plausibles y (eso sí) verificados (es decir que “a veces funcionan para algunas cosas”) pero ningún modelo central. Decir esto no es equivalente a desbaratar el trabajo que se ha hecho en la psicología – que es mucha y, creo, de enorme valor para la humanidad. Pero, sistémicamente hablando, la psicología es una ciencia tremendamente compleja (además con un tipo de complejidad muy específica). Este hecho, el de su extraordinaria complejidad) creo que no se tiene tan en cuenta como sería deseable (de hecho hay quien lo considera muy poco compleja, pero esa es otra cuestión). Este tema – como llevamos y organizamos la ciencia que por excelencia nos importa (o, por lógica, nos debería importar) como seres humanos – es grave y tiene – y tendrá – repercusiones en las vidas de muchas personas.
Lo que dice German de las diferentes aproximaciones a la terapia “paralelas” a las corrientes principales de la psicología (y, a veces, incluidas en ella) tales como PNL, Gestalt, AT, Constelaciones Familiares y los diferentes sistemas de clasificación como MBTI, FIRO B, Eneagrama, creo que está acertado en tanto cuanto todos ellos aportan algo. Pero también es verdad que, con gran frecuencia, son ejemplos de una buena idea (o dos o tres) llevada tan a la enésima potencia que se pierde la credibilidad. Por ejemplo, en el caso de AT, es cierto que algunas personas algunas veces se comportan como si hubiese un guión subyacente. Pero no todo el mundo y no todo el tiempo. En el caso de la PNL, es cierto que a veces las personas dan evidencia de su manera sensorial de procesar con el lenguaje que utilizan (“ya lo veo”, “eso me suena” etc.) Pero no siempre es el caso. Por otra parte los sistemas de categorización sean el MBTI, Eneagrama, DSM IV (o V) o, ya que estamos, la carta astrológica uno de los problemas que tienen es que caen en una falacia objetivista de que las categorías existen en el mundo (o sea que “hay” extravertidos, números 9, TOC’s o capricornios andando por ahí sueltos). Pero claro está que cualquier persona es mucho más la descripción que se haga de ella y aunque solo sea por el efecto Forer casi cualquier descripción tendrá algo “acertado”. Sin embargo una vez hecho el “diagnóstico” lo que coincide con él se convierte en lo que es importante y lo demás se tiende a ignorar. Y eso es, una vez más, priorizar en exceso la verificación (o feedback positivo si se prefiere) sin contar con la falsación (o feedback negativo). Dicho de otra manera, puedes encontrar ejemplos de casi cualquier sistema de clasificación si le echas imaginación, pero es igual, o más, importante plantear la pregunta “¿qué es lo que NO me dice esta clasificación?”
Lo que plantea German Ruiz llega muy al núcleo del asunto para mi. ¿El corporativismo – ayuda? Sobre todo si tal corporativismo se sustenta sobre una base cuestionablemente sólida. Es decir la psicología tal como se hace “es algo” y el “coaching” tal como se plantea y ejerce a nivel mundial “es algo” del mismo tipo? Y esos “algos” ¿son contrastables? ¿Comparamos manzanas con manzanas o con naranjas, o con espaguetis o con la propia frutería – o con la tienda de informática al lado?
Mediante el modelo de consultoría sistémica de DBM se puede describir el coaching, de forma relacional, como proceso de intervención en relación con 14 otros procesos – entre los que figura la terapia. Que yo sepa este (el de consultoría sistémica de DBM) es el único modelo relacional de procesos de intervención que existe. Y hace falta un modelo relacional de ello porque intentar describir (o peor todavía “definir”) algo solo en relación consigo mismo es repetir el mismo fallo de eclecticismo que mencioné arriba. Por otra parte, intentar hacerlo a partir de las actividades que incluye (como preguntas mas o menos poderosas) es un buen comienzo – identificar un ejemplo de parte del fenómeno – pero que apenas rasca la superficie. También las descripciones de este tipo (o del tipo “el coaching va del presente al futuro” o el “coaching no se hace con fines curativos”) acaban siendo prescriptivas de lo que debe ser el coaching en vez de descriptivas de lo que es.
Vamos a ir al grano de la experiencia: yo he enseñado – y enseño – coaching como proceso a psicoterapeutas (psicólogos clínicos) en activo y les ha venido “de perla” como proceso dentro del contexto terapéutico, proceso que, además, añade mucho a lo que hacen – y lo hacen con fines terapúeticos (o curativos si se prefiere). Entonces ¿deja de ser coaching? Yo, desde luego creo que no. Otro ejemplo, lo he enseñado y lo enseño a profesores universitarios en activo – profesionales excelentes en su mayoría – que lo utilizan en un contexto de enseñanza y, aún así, sigue siendo coaching. Puedo decir lo mismo de técnicos, ingenieros, deportistas, políticos, pintores, directivos, asesores fiscales, abogados y consultores. Y hablo de enseñar – no de ejercer como coach. Yo sé que lo que estoy enseñando en estos casos es coaching y, además, sé cómo y por qué lo es. Y una cosa que clarmente es, es un proceso que no se define por ningún conjunto de procedimientos y técnicas por mucho que se repitan. Manuel afirma creer en el coaching ejecutivo – yo también en tanto cuanto se trate de coaching efectivo hecho con ejecutivos en un contexto ejecutivo. Afirma que no cree en el “life coaching”. He de admitir que yo tampoco pero no es porque no se pueda utilizar el proceso de coaching efectivo en el contexto de la calidad de vida de las personas. De hecho está clarísimo que se puede. Solo que no es lo que, con más frecuencia, se hace bajo ese epígrafe.
Según mi modo de ver hay varias distinciones en el quid de esta cuestión. Una es la distinción entre técnicas y proceso. Un proceso no es lo mismo que una secuencia de actividades relacionadas, ni es sinónimo a procedimiento. Una conexión que también habría que mirar de cerca es la que hay entre “coach” y “coaching”. El mero hecho que alguien se auto designe como “coach” (u otros le designen como tal) no quiere decir necesariamente que lo que hace sea “coaching”. Sin embargo muchas personas definen el coaching como “lo que yo hago”. Si esto llega a ser “lo que nosotros hacemos” va camino para el corporativismo “rémora” que tan elocuentemente describe German. Esto, creo que es válido en el caso, por ejemplo, de un idioma. El español es lo que hablan los hispanoparlantes nativos (y, en la periferia, algunos no tan nativos como un servidor) y no es (por más que enoje a tan augusto organismo) lo que dicta la Real Academia Española.
Otras personas intentan definir el coaching en términos de las actividades que puede incluir – como por ejemplo hacer preguntas”. Pero si el coaching no es “lo que hacen los coach” tampoco es las técnicas (o “herramientas” si se prefiere) que se pueden utilizar en ello. Es un proceso de intervención entre otros procesos de intervención y utilizable solo o junto con otros procesos de intervención.
Como bien puntualiza Manuel, realizar procesos de intervención efectivos, útiles, relevantes y aceptables no es dominio exclusivo ni de los que tengan licenciatura de psicología (o doctorado en ella) ni de los que sean coaches certificados. De hecho no es dominio exclusivo de ningún grupo. Mi opinión personal es que toda formación es poca y, probablemente ninguna es suficiente.
Es decir, que la persona que quiere dedicarse profesionalmente a ayudar a otros está asumiendo una enorme responsabilidad y haría bien aprendiendo todo lo que pueda de todos los posibles procesos de intervención que existen – por eso mismo por ejemplo ofrecemos un Master Universitario en Intervención con Clientes con DBM en la facultad de psicología de la Universidad de Valencia, por eso también ofrecemos formación en Terapia y Consultoría con Modelado (que incluye todos los diferentes procesos de intervención) con la Universidad de Alcalá de Henares al margen y más allá de la formación específica en Coaching Efectivo con Modelado.
El reto de integrar las diferentes aproximaciones (quedándonos con los beneficios de lo que funciona y desechando lo que no) no pasa por el eclécticismo ni mucho menos por el corporativismo, sino por el modelado riguroso.
Sé que esto a muchas personas les resultará anecdótico o incluso irrelevante. En cambio entiendo que el espíritu de la AECOP es el de velar por la calidad de lo que se hace bajo el epígrafe del coaching y, personalmente, lo aplaudo al igual que apluado al iniciativa de José Luis al plantear esta cuestión. Creeo que lo dos son ejemplos de crear las condiciones para que emerja – que surja si se prefiere – algo más que prescripciones de doctrina y posiciones atrincheradas.
Tim apunta: mayo 20th, 2010 at 17:20
En mi comentario anterior hago referencia a “German Ruiz”. Me refiero a Gustavo Ruiz y pido perdón por el error.
Maite Sánchez-Mora apunta: mayo 30th, 2010 at 18:26
Yo también creo que que el coaching ejecutivo se mantiene sobre las tres patas nombradas y añadiría una cuarta, el conocimiento de las leyes del aprendizaje. Respecto al grupo especial de coaching de la British Psychological Society equivale más a una especialidad de la psicología que a un grupo de estudio. Tiene la caracter´sitica de “especial” pues la Coaching Psychology es joven y de alguna manera se está definiendo. Anthony Grant le otorgó la mayoría de edad en el 2000. Creo que la investigación en el campo universitario y la aplicación son beneficiosas para todos los coaches, psicólog@s o no. En diciembre tuve ocasión de asistir a la 2ª conferencia europea que organiza este Special Group de Coaching Psychology. Para quien pueda estar interesad@ adjunto el link con un artículo que publiqué en infocop respecto a ese evento. Por la práctica del coaching basada en la evidencia http://www.infocoponline.es/view_article.asp?id=2745
También os animo a leer y comentar el Handbook of Coaching Psychology de Stephen Palmer y Alison Whybrow. Bueno, me interesa el tema especialmente y creo que este manual centra el tema de maravilla. Un saludo
pilar.lorenzo apunta: junio 24th, 2010 at 19:16
Estoy totalmente de acuerdo, Manuel, con tus comentarios sobre el artículo Coaching y Psicología. Reflejan cien por cien mis puntos de vista sobre este apasionante debate.
En línea con lo que tú y Tim mencionáis , sobre el dominio exclusivo ó no de quienes tienen licenciatura de psicología o están en posesión de un certificado concreto en el ejercicio del Coaching, sólo puedo ratificar, que conozco también personas, con competencias increíbles en términos de escucha activa, empatía, comunicación, etc, que provienen de otras licenciaturas de humanidades, o incluso financieras, y que más allá de la posesión de un determinado título universitario, desarrollan excelentes intervenciones en procesos de Coaching, muchas veces especializados, otras en grandes compañías multinacionales de nuestro país .
Desde mi punto de vista, se trata de un tema de Competencias y es precisamente el poseer dichas competencias (algo que puede ser fruto tanto de la formación, como de la educación o de los valores y la personalidad del un individuo), junto con su “background” profesional y sus experiencias de vida, lo que les hace contar con el reconocimiento y la confianza de los clientes.
A ello hay que añadir que un coach ejecutivo, para ser interlocutor eficaz, debería tener, además de la formación sobre el método y las competencias probadas para serlo, ese conocimiento de la organización y de los sistemas relacionales que en ella existen, que hará que el cliente, o el directivo, vea en dicho proceso de Coaching la oportunidad de tener un espacio en el que analizar y pensar en profundidad determinadas cuestiones con alguien que entienda su “idioma” e incluso su léxico de trabajo, el de la organización.
En mi opinión, el corporativismo, en su expresión más extrema no resulta de ayuda para ninguna profesión, sin embargo no podemos pasar por alto la necesidad de establecer estándares de Competencia para establecer cierto rigor, que al fin y al cabo redundarán en otorgar credibilidad a la profesión y el ejercicio del Coaching. Por ello encuentro muy acertado el comentario de Tim sobre modelar aquello que funcione y nos ayude a mejorar de cualquiera de las ciencias disciplinas. El coaching no busca aportar ciencia, sino que activa la que reside en cada uno de nosotros mismos mediante el arte de la pregunta y el diálogo.
Creo que lo importante es ser conscientes de que todos los esfuerzos educativos que tengamos a nuestro alcance, son esenciales, vengan del colegio profesional ó de la organización que sea, si queremos que el Coaching ejecutivo, sea considerado como un área respetada, añadiendo valor a cualquier iniciativa empresarial de desarrollo del talento o del liderazgo o para conseguir cambios conductuales en las organizaciones.
Interesante también la aportación sobre la especialidad de Coaching Psicology.
Un saludo.
Miguel apunta: julio 30th, 2010 at 23:44
Interesante y complejo debate.
Al hilo de lo que dice José Luis sobre todo, yo me pregunto y os pregunto: en un equipo de fútbol ¿los médicos de qué tienen que saber, de fútbol o de medicina? ¿Se suelen aceptar o se aceptarían personas no tituladas en medicina con unos pocos conocimientos colaterales y breves adquiridos al cursar otra carrera, o bien por medio de lecturas personales de libros divulgativos o cursos de fines de semana?
Y ya que hablo de fútbol: ¿consideramos que Maradona sabe de fútbol? Si asumimos que sí, ya que es considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, ¿cómo explicamos su fracaso (no me refiero sólo a títulos) como entrenador?
Saludos
Verónica apunta: agosto 23rd, 2010 at 11:42
Bueno, podríamos estar horas y horas debatiendo. Gracias por el esfuerzo, pero creo que no somos nosotros quienes tenemos que definir este campo. Se necesita de observadores externos, limpios de prejuicios y creencias, con conocimientos y leyes.
La competencia será del Ministerio (¿cuál?, no lo sé, quizás un organismo creado para la ocasión). Todo llega, sobre todo cuando hablamos de los ciudadanos y del bienestar general.
Que tengan un buen día
Miguel apunta: septiembre 16th, 2010 at 18:04
Pensaba que se trataba de debatir por debatir, no de arreglar nada. Si me permites Verónica, me parece una forma de cortar el debate un tanto abrupta. Lo digo de buen rollo.
Por otra parte ¿libres de prejuicios y creencias? ¿existe alguien así?
Por último, ¿Ministerio? el de Educación, que es el que se ocupa de estos temas.
Saludos.
Thais apunta: diciembre 9th, 2010 at 18:08
En base a mi experiencia como psicóloga, como coach, y como consultora de recursos humanos, formada en terapia gestalt y muchas otras formaciones tanto humanistas como empresariales, para mí es fundamental el buen conocimiento de la persona. Recuerdo la primera pregunta de la carrera: ¿qué es la psicología?… y después de muchas respuestas de los alumnos el profesor contestó Es el estudio de la conducta humana…
Para mí el coaching es una manera de acompañar a la persona, a sacar su potencial, a conseguir sus objetivos, yo no le diré el cómo pero sé con qué se puede encontrar y cómo son las dificultades, qué son las limitaciones, las creencias, los valores, los introyectos, etc…
Digo yo que para ser entrenador de futbol, tendremos que saber de futbol, no? Yo podría estudiar un manual de cómo jugar al futbol, pero nunca podría entrenar como el Guardiola.
Hace medio año asistí a una conferencia muy interesante dónde el ponente, que no era psicólogo, preguntaba al resto qué era el coaching, de dónde venía…
‘- Es estadística?
- Es matemáticas?
- Es economía?
… Más bien se trata de psicología, o de filosofía…. cuando empezamos a preguntarnos el porqué de las cosas, el sentido…. cómo llegar a conseguir un objetivo… También hablaba en clave de humor del primer coach, Sócrates, y de otro coach como Kant, etc.’ En definitiva, que el coaching no es nada nuevo. Y que el coaching bebe de muchas fuentes y corrientes de la psicología entre ellas la Gesltalt, cuyos principios hablan de la responsabilidad del propio ser, de la toma de conciencia, y de la creencia de que todos tenemos potencial para desarrollarnos y crecer.
A los coaches que no conocen la psicología, decirles que el conductismo del que hemos huido muchos psicólogos por ser una teoría muy reduccionista, hablaba de estímulo-respuestas… Pensar de un modo conductivista y cognitivista, es pensar en causa y efecto, y muchos ejercicios utilizados en el COACHING actual se basan en estas teorías, ‘si yo hago esto’ conseguiré ‘ esto otro’, así que se trata de definir un sinfin de conductas que nos llevarán al objetivo final.
Estoy de acuerdo si el objetivo es concreto, alcanzable y ecológico, tal y como se postula desde el coaching. No estoy de acuerdo cuando se empieza a hablar de ‘como superar tus miedos’, ‘mejorar tu autoestima’, y otros tantos cursos y talleres, dónde la causa-efecto queda muy lejos de la consecución de los objetivos, ya que hablamos de un modo de enfrentarse al mundo, un modo de aprendizaje, un modo de relacionarse con la autoridad, con los iguales, de amar y ser amado, etc, y para ello creo que es fundamental estudios mucho más amplios, continuados, así como un proceso de crecimiento y desarrollo personal del propio profesional (ahí incluyo psicólogos, facilitadores, terapeutas, coaches, y otros profesionales).
Lo que nos queda… es continuar trabajando como hemos hecho, paso a paso, ser profesionales y ser éticos. Sé hasta dónde puedo acompañar y hasta dónde no puedo, conozco y reconozco mis limites, y eso lo he aprendido después de 15 años de formación humanista, y otros tantos de experiencia laboral y personal en este campo.
aecop catalunya apunta: febrero 8th, 2011 at 19:26
[...] ciclo “El Celler del Coaching” y sus talleres asociados, la cooperación en la 2ª Jornada de Coaching y Psicología en la Empresa, y en el Estudio Sobre el Impacto del coaching, conjuntamente con el Colegi Oficial [...]
los sentidos y los sinsentidos del coaching « aecop catalunya apunta: julio 3rd, 2011 at 15:43
[...] ciclo “El Celler del Coaching” y sus talleres asociados, la cooperación en la 2ª Jornada de Coaching y Psicología en la Empresa, y en el Estudio Sobre el Impacto del coaching, conjuntamente con el Colegi Oficial [...]