Por José Luis Rodríguez, BLC Human Coaching

Los psicólogos que salieron en las primeras promociones en España, a principios de los 70 del siglo pasado, teníamos claro que había que luchar por hacerse un hueco en el panorama profesional del país, convencidos de que la psicología aportaba un ángulo, un enfoque, un marco diferente de ver a los individuos, a las personas, como miembros de la sociedad.

Uno de los huecos a abrir era en el terreno de la sanidad donde parecía obvio que la psicología tenía mucho que aportar, pero los jóvenes psicólogos se encontraron con la oposición frontal de la clase médica a la que tildamos en su día de corporativista, pues defendían los intereses del colectivo médico por encima de los intereses de los ciudadanos pacientes, cuya salud sobre todo la mental mejoraría mucha con la aplicación de las técnicas y los conocimientos psicológicos.
La resistencia médica duró largos años hasta que se consiguió por ejemplo la inclusión de los psicólogos residentes, los PIR, y en la actualidad todavía colea por la oposición a que los psicólogos ocupen determinados puestos dentro de la sanidad pública. Estos conflictos generaron un espíritu anti-corporativo en los psicólogos que por desgracia se ha venido debilitando en las últimas décadas.
Por lo tanto, en aquella primera época era impensable que algunos colegios de psicólogos fueran posteriormente a tomar posiciones corporativas frente a otras nuevas profesiones como la sociología o la antropología, por poner sólo un ejemplo, y a reivindicar para los psicólogos cualquier etiqueta que incluyera la palabra psicología o el afijo psico, de manera que los psicólogos que se consideraron como “víctimas” de los médicos iban a ser después agresores de otros colectivos profesionales.

Menos mal que la palabra coaching ni sus posibles traducciones como entrenamiento, no contiene el término psico en ninguna de sus posibles acepciones o sinónimos. Sin embargo, en algunas ocasiones escuchamos reivindicar a algunos psicólogos que el coaching es un terreno profesional idóneo para la psicología o que sería conveniente que todos aquellos que quieran llegar a ser coach tuvieran estudios de psicología.
Por fortuna, el coaching surgió vinculado al deporte o al trabajo directivo en las organizaciones, lo que evitó cualquier posible tentación de los psicólogos por reivindicar ese campo profesional. Esto no supone desconocer que ciertos conocimientos que proporciona la psicología y en particular la psicología social o la psicosociología de las organizaciones puedan ser muy útiles para aquellos profesionales que pretenden convertirse en coach, aunque hay que dejar claro que esos conocimientos y técnicas psicológicas son tan útiles para el coaching como otras habilidades sociales que tienen que ver con la comunicación, el liderazgo, la experiencia empresarial u organizacional en general y tantos otros conocimientos que se forjaron y consolidaron fuera del terreno de la psicología. Si alguien me preguntara que es mas importante para el coaching ejecutivo, la psicología o las experiencia empresarial, no dudaría en contestar que una experiencia amplia y reflexionada en las organizaciones.

Por otra parte, los psicólogos para demostrar su pedigrí de científicos y encontrar una legitimación profesional se dividieron en multitud de camarillas o facciones que se consideraban antitéticas y que ignoraban y no reconocían los logros que los otros grupos iban logrando. Y así tuvimos y aun seguimos en cierta medida teniendo, gestaltistas, frente a conductistas y psicoanalistas, refléxologos frente a skinnerianos o conductistas sociales de Bandura; los psicoanalistas podían ser ortodoxos, jungianos, lacanianos, kleinianos o los psicoanalistas argentinos de Pichon Riviere; había sistémicos de Palo Alto en California y practicantes de los sistemas sociotécnicos de la clínica Tavistock del Reino Unido, cognitivistas o expertos en programación PNL, y dentro de la psicología social interaccionistas simbólicos, lewinianos y construcionistas sociales; por citar solo algunas facciones dejo unas cuantas mas en el tintero.

Pues bien, estos intentos por alcanzar el pedigrí adecuado se han trasladado en algunos casos al campo del coaching donde al ser multidisciplinar y con profesionales procedentes de campos muy variados, hasta ahora no se ha exigido una titulación exclusiva y existen problemas para definir las acreditaciones por parte de las incipientes asociaciones creadas al respecto. Y así algunos dentro del coaching tratan de crear grupúsculos que para definirse se dan una etiqueta, a veces una simple marca, que pretende ser excluyente del resto. Y así escuchamos que hay coaching con influencias teóricas del conductismo, del psicoanálisis, de la teoría de sistemas de Palo Alto o incluso algunos tienen la vana pretensión de practicar el coaching ontológico, dando entrada a la filosofía por una puerta falsa pintada con tintas marketinianas de escaso contenido filosófico. Vuelvo a decir, que el problema de estas facciones es que no reconocen las aportaciones que hacen los demás profesionales, a los que niegan el pan y la sal, es decir, el pedigrí de ser una ciencia y no mero arte.

Sería bueno, por lo tanto, que las asociaciones que se reclaman como defensoras del coaching tuvieran cuidado en no asumir problemas importados de una mala asimilación de la psicología. Y sobre todo, sería fundamental reconocer el carácter multidisciplinar del coaching en un mundo donde cada vez resulta mas difícil encontrar carreras que se corresponden con campos científicos puros, y así observamos hoy en día que en varias escuelas de ingenieros se estudia sociología, economía, teoría de las organizaciones y empresas, que los médicos estudian psicología, economía, antropología o sociología y los sociólogos por poner sólo unos pocos ejemplos estudian historia, economía, antropología, psicología social, etc. Cada día surgen carreras mixtas donde colaboran especialistas en varias disciplinas, como por ejemplo ciencias del trabajo con temas de economía, derecho, psicología y sociología; y otras carreras mixtas como ciencia y tecnología de los alimentos, biblioteconomía y documentación, etc.

Es decir, la tendencia académica actual es estudiar parcelas de la realidad como la alimentación, el medio ambiente, el trabajo, la dirección de las organizaciones,…, donde hay diversidad de perspectivas y enfoques de disciplinas científicas cuya aportación al campo de estudio es fundamental.
Tiene sentido, pues, evitar a toda costa el corporativismo en el coaching, a evitar las barreras rígidas de entrada para profesionales de distintas disciplinas, a evitar las facciones bajo capa de conocimientos antagónicos que conceden el pedigrí frente al resto de las facciones y que sólo esconden una lucha por el poder profesional.

Es indudable que el coaching ha de agradecer las aportaciones de la psicología, al igual que de otras ciencias sociales, y que los coach deben tener una adecuada formación y entrenamiento en ciertos conocimientos y técnicas que han surgido cuando los psicólogos se han puesto a estudiar a las personas y su comportamiento en los distintos grupos y colectivos a los que pertenecen. Pero de ahí a exigir que el coaching sea una parte de la psicología hay un abismo que si alguien quiere salvarlo se encontrará con que puede romperse la crisma.
También sería bueno para la psicología como profesión no ejercer el corporativismo con el coaching como, por desgracia, lo ha hecho con otros profesionales en las últimas décadas.

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