Unas humildes lentejas
Por Helena López-Casares Pertusa
¿Todavía hay quien piensa que esta crisis es coyuntural? Sin ánimo de ser pesimista, sino responsable y consecuente con lo que sucede a nuestro alrededor, el derrumbe del sistema es estructural y afecta a las profundidades de su esencia.
En el programa radiofónico «A vivir que son dos días» de la cadena SER comentaban el sábado 20 de diciembre de 2008, como preludio de la Navidad, recetas típicas para celebrar la Nochebuena cuando la conductora del espacio dijo algo que me hizo reflexionar. Concretamente aconsejaba cómo alegrar un plato presente en la gastronomía española y base de la alimentación mediterránea con un ingrediente novedoso. Se trataba de cambiar la apariencia de lo que ella denominaba «unas humildes lentejas». Y he aquí la parte disonante.
Las cosas tienen un precio, sí, pero es el que nosotros le ponemos, las lentejas son tan humildes o tan valiosas como queramos que sean. Son valiosas cuando cubren la necesidad de satisfacer el hambre, primer escalón de necesidades de la pirámide de Maslow, también lo son para el que las come en casa de su madre y su sabor casero le transporta a la infancia provocando felicidad nostálgica.
Pero la reflexión comenzó a tomar forma al pensar en todos esos empresarios o directivos de doble moral, una especie que está proliferando en nuestros días. Es cierto que muchas compañías lo están pasando fatal y han tenido que reducir plantilla, a su pesar, o tomar medidas de otra índole para evitar o retardar el colapso, y son dignas de admiración por su capacidad de resistencia. Pero también es cierto que otros muchos están aprovechándose de la situación para seguir ganando. Y es contra ese egoísmo recalcitrante hacia el que se debe levantar la voz. Un egoísmo incoherente que hace decir unas cosas y pensar movidos por las contrarias. Ese egoísmo que hace más viva que nunca la frase de Maquiavelo de que el fin justifica los medios.
«Señores, hay que apretarse el cinturón» (mientras algunos nos vamos a esquiar a Canadá).
«No tenemos más remedio que reducir la plantilla» (porque no estamos dispuestos a ganar menos dinero).
«Este año habrá que hacer un esfuerzo extra» (para que podamos seguir cobrando beneficios).
No nos engañemos, los platos los rompen unos, pero los pagan otros. Este es el drama de este sistema ahogado y más que agotado. De un sistema en el que se han marcado mucho las distancias entre grupos de personas dentro de la empresa. Decía Peter Drucker que para mantener el equilibrio la diferencia entre los sueldos de los que más ganaban con respecto a los que menos percibían no debía ser superior a 20 veces. Pues bien, en Estados Unidos ese salto era de 411 veces cuando estalló la burbuja tecnológica a principios de este siglo.
Ya en esa época muchas voces comenzaron a exigir un cambio de coordenadas empresariales. Hoy hay quien piensa que esas voces predicaban en el desierto.
Algo tiene que pasar, no podemos conformarnos con esta tormenta que ha generado la codicia, la avaricia, el afán de superioridad, el enriquecimiento sin límites y este mundo de clases que hunde sus raíces en las profundidades de la mezquindad. El mundo no pertenece a unos pocos, pero paradójicamente son unos pocos lo que lo mueven y los que deciden. Esto más que una crisis es un pecado de poder y una hoguera de las vanidades.
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Me parece un artículo realista. Estoy totalmente de acuerdo con Helena y lucho contra ese mismo sistema que colapsa y al parecer no tiene otro modelo mejorado.
Cordialmente,
Yazmin
Puerto Rico
Excelente reflexión que respalda más si cabe el hecho de que lo que nos venden como crisis económica no es más que la sintomatología de una sociedad de valores enfermos.
Totalmente de acuerdo, por lo que creo que esta crisis aparte de económica va a ser de valores y quizás tengamos que replantearnos ¿para que…. tanto trabajo, tanto dinero, tantas cosas…? si lo más importante es el tiempo y no lo puedo comprar con dinero y no lo tengo para utilizar y disfrutar de tantas cosas que me compro por trabajar tantisimas horas
¡Ay! Helena, ¡Cuánto coincido con tu reflexión! ¿Tú crees que esta crisis nos llevará a algún otro lugar? Hoy he estado escuchando el discurso de Obama y no sé si peco de ingenua, pero se me despertó una esperanza nueva que me alegró la tarde.
Un abrazo,
Estoy de acuerdo con la opinión de Elena, también pienso, que nocociendo la naturaleza humana, esta crisis le servirá a los que la provocaron, para que agudicen su “ingenio” e inventen nuevos productos que les hagan mantener su status, al que, por nada del mundo querrán renunciar. Mientras, seremos los demás los que nos tendremos que “apretar el cinturón”.