Identidades en formación y transformación
Mónica Gutiérrez. Responsable Comunicación AECOP
La nueva jornada de mediodía de género para nutrir la mente, ha propuesto un interesante debate sobre las “Identidades en formación y transformación” desde la perspectiva que nos ha ofrecido la catedrática de sociología y coach ejecutivo, Alicia Kaufmann.
Saber qué frena a las mujeres en su desarrollo directivo ha sido el leitmotiv de la presentación, que ha tenido su continuidad en el posterior coloquio con los participantes.
La visión del estudio presentado ha revelado la importancia de establecer que no sólo las diferencias de género son susceptibles de ser tenidas en cuenta. Con los cambios de edad se experimentan nuevas prioridades. Ampliar el espectro hacia las diferencias entre generaciones, dado que hombres y mujeres no tienen las mismas necesidades personales y profesionales a los treinta años que a los cincuenta, es un dato que aporta nuevas referencias en este campo.
Según el análisis realizado por la socióloga, otra cuestión esencial son los mandatos familiares. Una serie de “consignas” que se transmiten de padres a hijos y que son elementos determinantes a la hora de evidenciar si durante este proceso se educa a la mujer para cultivar la responsabilidad y no tanto para ejercer la autoridad, como ocurre en el caso del hombre.
De ahí derivan aspectos tan asumidos como la competitividad masculina o la rivalidad entre hermanos, que en el caso de las féminas ha tendido a ser sofocada en su infancia y que sin embargo, posteriormente puede transformarse en el entorno laboral y dar lugar a situaciones de conflicto. Sin olvidar el tema del dinero, asunto en que los padres también envían mensajes diferentes a los hijos que a las hijas.
Parece que el modelo existente ya no sirve, no son sólo las mujeres las que lo están experimentando, aunque a menor escala, los hombres también comienzan a reclamar un espacio que no tenían hasta ahora.
Una realidad de nuestros días es que en la mente de todas las personas, ya sean hombres o mujeres, está presente la necesidad de tener una vida más equilibrada, con un balance que les permita sentirse más felices. Para ello será preciso reivindicar, desde diferentes frentes, un nuevo modelo de organización que permita conjugar vida personal y profesional. El nuevo escenario presenta una versión integrada donde compartir responsabilidades.
A raíz de la ponencia se generaron interesantes comentarios entre la nutrida asistencia. Opiniones de hombres y mujeres que reflejaban en gran medida las preocupaciones y los diferentes puntos de vista que este tema despierta. Algunas de las ideas apuntaban hacia la necesidad de que las mujeres sean conscientes de su fuerza interior, de su poder personal. En dejar de quejarse de sus circunstancias y comenzar a actuar, pidiendo y reivindicando. Que las mujeres derriben de una vez por todas las barreras internas y externas con las que se encuentran para acceder al poder. Por su lado, los hombres conocedores de su co-responsabilidad también deben contribuir a generar que esta transformación que busca ese bienestar hacia donde miramos, se pueda lograr. Son aquellos que con su cambio de modelo mental, han dejado de sentirse únicamente proveedores materiales y quieren tener otros espacios, más propios del terreno emocional, hasta hace poco “restringido” para ellos como el del cuidado de los hijos.
Una de las intervenciones que levantó un acalorado debate y que fue cuestionada por algunos de los participantes fue la afirmación de que en esta sociedad del hiperconsumo se tiende a relegar a los individuos a realizarse exclusivamente en su dimensión laboral, dejando de lado su realización personal en otros planos de índole más emocional, poniendo como ejemplo el caso de familias de determinada condición social donde se delega el cuidado de los hijos en terceras personas. El desacuerdo mostrado por varios integrantes aludía al escaso segmento representativo que suponía en el entramado social.
Como se ha dejado ver en el transcurso del coloquio, el punto de partida será dejar atrás un modelo en el que se hablaba de mujeres y hombres, para pasar a hablar de personas, de igual a igual, con toda la riqueza de la diversidad que nos caracteriza y nos hace diferentes. Aunque es posible que para lograrlo sea fundamental que las mujeres posean una mayor masa crítica en los núcleos de poder, en los Consejos de Administración y que sea la demanda social y los cambios en los patrones educativos y de socialización, los que nos lleven al modelo deseado. Las empresas no van a cambiar en la medida que las personas no se involucren en este proyecto desde su responsabilidad individual. De ahí la importancia de aunar esfuerzos en esta línea desde todas las esferas.
En conclusión se podría decir que estaremos en el camino cuando comience a definirse un mercado laboral que permita trayectorias individuales, que tenga en cuenta las necesidades de las personas. Organizaciones con una nueva cultura, donde se prime la productividad y el desempeño por objetivos, en lugar del tradicional modelo presencial que vivimos en la actualidad. Un entorno profesional donde las personas puedan verse realizadas en todos los ámbitos de la vida.
Mónica Gutiérrez
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