Por Vigela Lloret . Coach Profesional Ejecutivo AECOP Certificada CP23

Tarthang Tulku, tras su paso por la práctica budista y posterior incorporación a la sociedad occidental, nos presta reflexiones sutiles y llenas de intensidad sobre nuestra sociedad donde acusa a nuestra forma de vida actual, la vorágine del trabajo y actividades, como modo de vida instaurado sin espacio para detenernos y mirar hacia dentro del ser.
Textualmente escribe: “durante los años que he vivido en Occidente me ha sorprendido comprobar la existencia de un elevado número de personas dispuestas a aceptar un estilo de vida que les resulta profundamente frustrante. Ya desde su misma infancia adquieren el hábito de rendir muy por debajo de sus posibilidades sin darse cuenta siquiera de que, con ello, están bloqueando su energía, mermando su inteligencia y arruinando su capacidad para motivarse”.
En medio de este proceso reflexivo, abrimos una nueva vía para ver el efecto del cumplimiento de los sueños en la motivación. Existen en el mercado miles de cursos sobre “Motivación”, sin embargo, la motivación no es algo que se pueda encargar y dar a cada uno una cuota de esta. La motivación es algo que se tiene y se genera desde dentro del ser humano. ¿Puede el empresario motivar a su empleado a través de fórmulas como: retribuciones extra salariales, beneficios sociales, premios, viajes, ascensos…?
En realidad todas estas fórmulas sirven en el corto plazo, aunque es importante que sepamos que sirven para dar estímulos a los equipos, a las personas, aunque la motivación es algo distinto que se genera desde dentro de la propia persona. Diferenciamos pues entre estímulo y motivación.
El estímulo es aquello que ofrecemos a las personas desde fuera. Captamos las necesidades de aquellos que tenemos a nuestro alrededor y les damos lo que creemos que les puede alimentar su propia motivación, aunque en muchas ocasiones, solemos pensar desde nuestro propio mapa de necesidades y cubrimos lo que nos gustaría que nos cubrieran a nosotros.
El verdadero esfuerzo y posible éxito de los estímulos ocurre cuando empatizamos al cien por cien con la persona a la que deseamos estimular y dirigimos toda nuestra atención hacia ella para reconocer cuáles son sus necesidades reales. Cuando el grado de empatía es alto, entonces es cuando los estímulos son coherentes con sus valores y con su capacidad de entusiasmo y conseguimos el resultado esperado.
Imagine por un momento a esa persona de su equipo que por más estímulos que le ha pretendido dar, al cabo de un tiempo la persona sigue igual, en su desinterés o apatía, bajo compromiso e involucración en el proyecto. Seguramente todo esto genera cierto desasosiego en usted que se exprime los sesos pensando en qué más le podría dar para abrir su apetito hacia el proyecto en el que trabaja. Sin embargo, en estos casos la pregunta que a cada uno le ayudaría si se hiciera, va más allá, pues es interesante que cada persona sepa hasta donde llega su responsabilidad.
Cuando una persona decide entrar a formar parte de un proyecto, sería útil antes de empezar, estudiar bien ese proyecto, y mirarlo desde todos los ángulos. No sólo mirarlo, sino, dejárselo sentir dentro y visualizarse, verse en el proyecto y así llegar a saber hasta qué punto se siente comprometido con las funciones y objetivos que el proyecto conlleva.
Para emprender acciones es importante la fuerza interior de cada persona, aunque son pocas las veces en que nos preguntamos cuánto de nosotros requiere cada acción que realizamos. La empresa es un lugar de compromiso, de acción, de trabajo en equipo, de visión. Todos estos ingredientes llevados a cabo desde su plenitud hacen que el día a día sea motivante, que los esfuerzos sean más ligeros y llevaderos, que el despertar de cada persona tenga un sentido, que las horas dedicadas se vean recompensadas y que los problemas se conviertan en áreas de mejora con soluciones abarcables.
La empresa es esa entidad con autonomía y con vida propia, y esa vida se la dan las personas que en ella trabajan. Empresa y personas se funden en un mismo sentir pues la empresa es la suma de los sentires de las personas que en ella trabajan. Sin un mismo sentir compartido, la empresa carece de corazón, pues se trataría de un corazón partido y repartido en lugar de compartido. Las empresas con corazón son aquellas donde todos respiran en la misma dirección hacia una meta compartida.
Así pues, si la empresa tiene vida propia, es lógico pensar que no nos sirve cualquier proyecto. Al igual que no escogemos cualquier tipo de vida ni cualquier pareja e intentamos formar la vida que para nosotros queremos y deseamos, tampoco nos sirve cualquier empresa ni cualquier proyecto. Por eso es necesario escoger bien. Claro que en este punto, puede vd. preguntarse ¿qué es escoger bien?
La respuesta es, “lo que le motive”. Este es el objetivo de cualquier buen proceso de coaching, llegar a identificar lo que a uno le motiva y caminar hacia ello a través de un buen plan de acción.
Escoger bien significa que el proyecto que decida emprender provoca en vd. la misma fuerza que nos dan los deseos. Este es el ingrediente esencial para una sabia elección. ¿Y vd. qué desea?

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