Si la supervisión o el mentoring tiene algún sentido para ti o si te puede aportar algún valor añadido, no sé decirte, lo tienes que descubrir tu mismo. Yo te puedo hablar desde mi experiencia y compartirla contigo.

Me formé como coach en una escuela donde las bases estaban fundadas en modelos competenciales. Considero que con algo de experiencia es lo mínimo necesario para empezar a ejercer como coach y dar las primeras pinceladas en esta profesión. Tuve mis primeras supervisiones, me acredité y con esa base empecé a navegar en los mares del coaching. Y en el mar solo sabemos que vamos a coger las olas…..pero de que tipo, eso ya es la sorpresa del Poseidón.

Como dice Ramiro A. Calle, “Soy aprendiz de la vida y el deber de todo aprendiz es seguir aprendiendo.”

Si partimos de esa base que el aprendizaje es continuo y seguir formándonos es necesario para seguir creciendo y transformándonos, ¿qué es lo que nos puede dar la supervisión y el mentoring? ¿qué tiene de diferente de charlas, foros, libros, audios, formaciones o talleres? Y ¿cuándo es el tiempo idóneo?

Antes una breve aclaración sobre estas dos disciplinas:

El mentoring son sesiones entre el mentor coach y el/los coach, donde a través del feed-back se trabajan las habilidades del coach según su grado de experiencia (3 niveles de certificación). En este espacio de práctica y reflexión se evalúan las competencias del coach (según AECOP o ICF). En las sesiones de mentoring grupales el observador es partícipe de la evaluación, que permite también otro tipo de aprendizaje.

Las supervisiones van más allá del mentoring. Aunque se puede incluir, aquí se trabajan más los aspectos ¿quién es el coach? ¿qué tipo de coaching realiza? Se trabajan las inseguridades, dudas, reflexiones del coach, los sentimientos del coach en las sesiones, temas éticos….Más que el feed-back está centrado en el feed-within y feed-forward, ¿quién es y quien quiere ser el coach? , trabajando el presente y proyectando el futuro.
Asistí tanto en las supervisiones individuales como grupales, y lo que me falta son sesiones grupales con varios coachs supervisores.

Descubrí la utilidad de trabajar con grabaciones. Aunque al principio me resultó un poco extraño, me permitieron revivir otra vez la sesión pero desde otra perspectiva, con otros ojos, sintiendo sensaciones diferentes y sobre todo ver lo que antes no veía.

Lo común en todos los casos fue un espacio para mi, para desnudarme y con valor mirarme al espejo y desde la humildad trabajar las competencias y permitirme mejorar como coach.

Me costó, me costó desnudarme en las supervisiones y en el mentoring grupal, delante de mis compañeros y delante de mis profesores o ex profesores.
Allí no estuve solo yo ante mi propio peligro, sino también observada por los demás, con mis defectos que sabía, pero también con los que todavía no fui consciente. Y vinieron miedos….. Me impactó, me impresionó.
Veía dos caminos. Quedarme atrapada y estancada en un mismo sitio o permitirme que los demás vieran que tengo un recorrido largo por delante…largo hasta el infinito, esa magnitud tan inmensa y difícil de imaginar.
Con un abismo enorme ante mi, elegí la segunda. Me permití crecer….. elegí el amor hacia la profesión y hacia mi misma ante el temor de ser juzgada.

Mi miedo al juicio se convirtió en compartir, porque posteriormente entendí que desde mi apertura permito crecer también a los compañeros que están observando. Desde la observación de un compañero es posteriormente más fácil identificar y detectar esos patrones en uno mismo.
Principalmente descubrí que en mayor o menor medida todos estamos con lo mismo, deseando mejorar y aprender, experimentar, integrar y transformarnos en alguien más sabio, entendiendo y sintiendo con cada célula de nuestro cuerpo una nueva realidad. Y esa nos permite a su vez iluminar más o más rápido el sendero de las personas a las que acompañamos, para su propia transformación.

Desde esa confianza que se crea en estos espacios surge el milagro, lo más bonito para mí, la co-creación. Porque como observadora y dando feedback también participé en el crecimiento de los compañeros coach, que crecieron y así ahora acompañan más firmemente a los que se cruzan en sus camino. La unión es desde luego mucho más que la suma de las partes……

La confianza dependió sobre todo de los participantes. Cierto es que el mentor o supervisor fue la pieza clave….En ambos casos antes busque y rebusque el renombre con sello de calidad, pero este fue acompañado por una conexión y buen feeling desde el principio. La mezcla fue la pócima mágica.

En estos procesos gané en humildad, pero también en firmeza. Superando los miedos que se me presentaron y me permitió sentirme más libre. Me sentí arropada dentro de un espacio de trabajo y confrontación, aunque no juicio. Percibí confianza tanto en mi, como en el proceso y en los demás.
Todo eso, ya después de tiempo de haberme certificado como coach, me permitió crecer y adaptar el coaching aún más desde lo que soy yo, integrarlo mejor y fortalecer mi propia visión y ejecución de este arte con bases ineludibles.

La supervisión y el mentoring por supuesto no son las únicas herramientas de crecimiento que hay, igual tal y como descubrí estas me serán presentadas otras que todavía no conozco y que me permitirán crecer hasta el infinito y más allá…… Cada uno descubrimos nuestro camino…..y te deseo que las palabras de los demás se quedan cortas ante tu propia experiencia.

 

Autora: Diana Wimmerova

CP171 – Coach Profesional Ejecutivo Certificado