El emprendedor del S.XXI afronta nuevos retos derivados de la situación específica en la que nos encontramos. El mercado on-line, clientes y consumidores con un importante poder de decisión con una mayor oferta para elegir y mejor informados que nunca, entornos cambiantes, burocracia lenta, pesada y desalentadora…El atrevido empresario que decida emprender y en particular el de la PYME, se enfrenta a un modelo de negocio que exige no solo especialización e innovación y conocimiento específico de la publicidad y el marketing en línea, sino que imbuidos como estamos durante estas últimas décadas en el desarrollo de la Inteligencia Emocional se le reclama además, una efectiva gestión de sus emociones.

El emprendedor de una microempresa aumenta exponencialmente los niveles de estrés al verse abrumado por la exigencia de todos estos factores en un entorno más reducido al que sin embargo se le requieren las mismas condiciones. Así, no es infrecuente encontrarnos con emprendedores desbordados no sólo por las perspectivas de futuro sino por su situación en el presente.

Si bien es cierto que todos estos factores afectan en mayor o menor medida a todos los tipos de negocio y organizaciones, también es cierto que todos ellos estimulan la aparición de soluciones adaptadas a cada necesidad.

El progreso de la ciencia y la investigación aplicadas al desarrollo de personas como es el caso de la Neurociencia, el aval de las más de dos décadas de investigación empírica en Inteligencia Emocional o el crecimiento y profesionalización de actividades como el Coaching, permiten que afloren medidas para paliar estos nuevos retos del emprendedor del S.XXI.

La gestión eficaz de una empresa en nuestro mercado laboral, implica más que nunca abarcar nuevos paradigmas que hagan frente a estos nuevos retos y es en el desarrollo de competencias emocionales donde encontramos el marco para facilitar nuevas formas de proceder que se ajusten a estas necesidades.

El emprendedor ya sabe que puede salir fortalecido de las situaciones adversas pero necesita desarrollar recursos que le permitan adelantarse y gestionar de una manera más efectiva la incertidumbre y los niveles de estrés. Las habilidades emocionales y en concreto aquellas que le permitan conocerse a fondo, autorregularse emocionalmente y saber encontrar la motivación adecuada para continuar en su día a día, le abrirán las puertas hacia la mejora de su productividad.

Del mismo modo, nuestro modelo de sociedad demanda profundizar en el conocimiento de las relaciones interpersonales. La necesidad de favorecer relaciones laborales cimentadas en términos de ganar/ganar que nos permitan trabajar con mayor eficacia en equipo, con clientes y con proveedores, nos ayudará a crear sinergias que aumentarán no solo la calidad de estas relaciones, sino que incidirán claramente en los resultados.

La importancia de cultivar y alimentar el ánimo utilizando el sentido del humor como analgésico de nuestra salud física y mental, no es solo una estrategia para reducir el estrés laboral, los beneficios del humor especialmente en las organizaciones, se encuentran ampliamente documentados en la bibliografía científica a la largo de estos últimos cuarenta años, demostrando que su práctica aumenta la capacidad comunicativa, cognitiva, creativa y resolutiva, cualidades más que necesarias en un emprendedor.

Si bien es cierto que el aprendizaje de las habilidades emocionales no permiten aventurar la viabilidad de un negocio, si constatan la importancia de tomar conciencia sobre la inversión de recursos en el verdadero activo de una empresa: las personas. El aprendizaje de competencias emocionales garantiza, puesto que incide en el bienestar personal, un mejor desempeño laboral, haciendo de los emprendedores personas más resolutivas y capaces de afrontar con mayor serenidad los nuevos retos de sus organizaciones.

AUTOR: Marisa Felipe Escriche

CA92: Coach Asociado Certificado

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