Según entras a una sala o a un despacho, generas un impacto. Es imposible no comunicar. ¿Saludo yo primero o espero a que me saluden? ¿Dos besos o doy la mano? ¿Voy de corbata, en vaqueros o de “casual” con marcas…?. Solo una vez generamos una primera impresión. Todo lo que hacemos y decimos suma o resta hacia nuestro objetivo, que es tener relaciones productivas en el entorno del coaching. Nuestra responsabilidad como coaches pienso que es tomar conciencia de ello y posicionarnos para que juegue a nuestro favor.

Cuando nos presentamos como coaches, nos exponernos a los demás. Al mostrarnos, invitamos a los demás a que nos conozcan y dependerá de cada uno de nosotros permitirles llegar “hasta la cocina”. Somos profesionales en generar opiniones, ilusiones y expectativas en los demás. Si somos auténticos desde el primer momento, no tendremos que ocultarnos bajo “un disfraz”, y podremos mostrarnos tal y como somos.

Maite Gómez Checa habla en sus distinciones que “la autenticidad está relacionada con la sinceridad, la aceptación y la verdad profunda. Nos resta autenticidad, el deseo de agradar, la necesidad de sentirnos aceptados y queridos, hacer depender el éxito para sentirnos legítimos y tener  miedo al juicio crítico. Esto nos lleva a desconectarnos de nosotros mismos.”

Podemos hablar más coherentes de la autenticidad si predicamos con el ejemplo. Además de coaches, somos personas que podemos equivocarnos, enfadarnos y que juzgamos en nuestras vidas. Por ello, pienso que es sano reconocer que hay veces que entremos en contradicciones entre lo que trabajamos con otros y cómo nos sentimos nosotros.

Además de esta dicotomía, durante un proceso de coaching se pueden dar  situaciones que puede poner a prueba la honestidad de nuestra relación con el coachee, como por ejemplo no creer en sus posibilidades del todo, sentirnos juzgados o rechazados o sentir que hay una falta de compromiso por parte del coachee.

Me gustaría compartir que he encontrado en la herramienta del check in, ubicada dentro de la generación de contexto y rapport en procesos de coaching, una buena manera de tomar conciencia del entorno y de cada una de las personas que vamos a participar en una relación de coaching.
Respecto al entorno, entiendo que los coaches somos profesionales de la psicogeografía. Robert Dilts nos dice que “el termino psicogeografía se refiere a que la relación geográfica entre los miembros de un grupo ejerce una importante influencia no verbal, tanto sobre el proceso del grupo como sobre las relaciones entre sus miembros.”

En ello podemos incluir la luz, la temperatura, los objetos de la sala, la situación de los participantes, y nuestro trabajo irá enfocado en buscar oportunidades en todo lo que hay a nuestro alrededor para hacer más productiva la relación de coaching. Lo que nosotros no manejemos en nuestro entorno, nadie lo va a hacer por nosotros.

Respecto a la relación con las personas, dejar tiempo para hacer un check in en el que compartimos cómo nos sentimos, que nos gustaría que pasase y qué vamos a hacer para que pase, nos puede ayudar a ser mas productivos y alinear expectativas. Este check in puede hacerse desde el lenguaje, el cuerpo o la emoción. Nuestra creatividad como coaches será facilitar cuantos check in sean posibles para trabajar todos los subdominios.

Esta herramienta, no sólo la usaremos en procesos de coaching individual o de equipos. También puede usarse en formación, en  reuniones con un equipo de colaboradores o con compañeros de departamento, en presentaciones ante un público desconocido etc.

Tenemos que pensar que las relaciones de coaching son relaciones muy descompensadas. Sabemos mucho de las otras personas, pero ella sabe muy poco de nosotros.

Pensemos desde el punto de vista del coachee. Podría pensar de nosotros: mi coach acepta todo lo que le digo sin juzgar, pregunta con interés, con cariño y si a veces me molesta, es por mi bien. Mis sesiones son amenas, y mi coach saca todo lo bueno de mi. Vamos, ¡que me entiende perfectamente!

En mi entender, en una generación de contexto adecuada, además de acordar y aceptar esta descompensación,  incluyo la aceptación de cada uno de nosotros como personas. Es importante como coaches ser auténticos, coherentes y sinceros. Podemos demostrar nuestra humildad reconociendo que no somos perfectos, y que nos equivocamos y juzgamos. Incluso que a veces, podríamos reconocer hasta que no somos humildes. En lo que podríamos ser profesionales es en identificarlo en nosotros mismos y levantarnos siempre que nos caemos.

Desde esa coherencia, también puedo generar rapport productivo como coach. No somos superhumanos, somos iguales sólo que hemos puesto foco en desarrollar el talento, encontrando en nuestro camino las mismas dificultades que encuentran los demás.

Autor: José María Heredia Yzquierdo
CS54 – Coach Profesional Senior Certificado