¿Por qué le llaman noticia cuando no tiene interés?

Por aecop, 15 Diciembre 2006

Uno de los males de la empresa es que todos tendemos a creernos que somos los mejores. En la relación con los medios de comunicación esta creencia no funciona, sencillamente porque eso no es noticia.

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Hacia un mundo más justo

Por aecop, 16 Noviembre 2006

La responsabilidad de una empresa emerge con más fuerza que nunca tras un periodo en el que se han cargado las tintas hacia la consecución de beneficios económicos. Cambiemos nuestras coordenadas y situémonos en el nuevo plano geográfico. Es fácil llegar.

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Cuando un concepto aparece en el mundo de la gestión empresarial, todo el mundo habla de él. El término inunda portadas, conferencias, conversaciones, entrevistas y queda muy bien en comidas de negocios. Esto es lo que está sucediendo con la Responsabilidad Social Corporativa.
Pero el tema es serio, es importante, es necesario, es urgente y nada frívolo. ¿Realmente sabemos de lo que estamos hablando cuando nos referimos a la Responsabilidad Social Corporativa?
El replanteamiento del papel de la empresa
Las desviaciones, los abusos y las injusticias a las que asistimos como sujetos de la sociedad actual están pidiendo un cambio de coordenadas a las empresas. Así, la nueva empresa no debe perder su perspectiva y tener presente en todo momento que es una comunidad de desarrollo de las personas que la constituyen y núcleo de evolución de la sociedad, como parte integrante de ella que es.
La empresa es un órgano de la sociedad cuyo principal objetivo es la generación de beneficio. Esto es indudable. Pero, quizá, en esta definición haya una desorientación conceptual y es la generada por la costumbre de ligar siempre “beneficio” a la palabra “económico”.
Si lo despojamos de su apellido podemos establecer que el beneficio puede ser de diferentes tipos: social, medioambiental, cultural, infantil….
Actualmente se pide a la empresa la generación de valor no sólo para el accionista, comúnmente denominado con el término anglosajón shareholder, sino para el resto de agentes o públicos con los que se relaciona.
Así, el accionista es parte de un amplio grupo denominado stakeholder, en el que tienen cabida los empleados, la comunidad local, los organismos públicos, los proveedores, los socios, los medios de comunicación y el resto de la sociedad. Por tanto, el accionista no puede ser considerado ya el único ni el exclusivo público para el que hay que trabajar.
Y es que el concepto moderno de empresa no sólo no debe cerrar los ojos a la ética, sino que debe incluirla en su gestión. ¿Cómo? Mediante la transparencia en su informaciones tanto internas como externas, la coherencia de sus decisiones con el concepto de justicia, la no agresión al entorno, la colaboración en el desarrollo de la comunidad y actuando acorde a los principios de honestidad y responsabilidad.
Lamentablemente, existen empresas incoherentes que difunden sus acciones de ayuda a causas relacionadas con los derechos humanos mientras llevan a cabo prácticas más que reprobables con sus empleados.
Nueva empresa
Fuente de desarrollo de personas

Núcleo de evolución de la sociedad

Generadora de beneficio (no sólo económico) y valor

Capaz de satisfacer intereses de todos los stakeholders

Impulsada por una gestión ética
La dimensión interna
La Responsabilidad Social Corporativa es un todo, pero a la hora de manejar el concepto admitimos que abarca un campo de actuación externo y otro interno. Vamos a fijarnos en este último.
Reinhard Mohn, el empresario alemán fundador de Círculo de Lectores, una exitosa fórmula reconocida en todo el mundo, analiza la cultura empresarial en un interesante libro titulado La responsabilidad social del empresario. En él afirma que la cultura debe comprender las siguientes exigencias:

  • Igualdad de oportunidades para todas y cada unas de las personas que conforman un proyecto empresarial.• Orientación hacia el rendimiento, fomentando la formación continua.• Participación de los colaboradores en la gestión empresarial y en los beneficios (sistemas de retribución por objetivos).
    • Garantía del puesto del trabajo y evitar despidos, en la medida de los posible.
    • Delegación de la responsabilidad para mejorar la competitividad y garantizar la pureza de la dirección.
    • Puesta en marcha de estrategias para garantizar la capacidad de dirigir, formar a los directivos y ayudarles a aceptar los cambios.
    • Prestaciones sociales de la empresa, que siendo voluntarias mejoran el clima laboral. En este sentido la empresa se debe ver como parte de la sociedad civil y aquellas medidas que ayuden a que sus empleados lleven una vida mejor serán bienvenidas.
    • Mantener una línea constante de información entre todos los colaboradores, a través de publicaciones internas, informes de la dirección, reuniones,..
    • Interés en la mejora del clima laboral mediante encuestas, entrevistas y herramientas como los buzones de sugerencias o los programas de ideas de mejora.
    ¿Estamos dispuestos?
    Para que estas bases, que se refieren al ámbito interno de una compañía, se puedan poner en marcha necesitan, como primer paso, el compromiso de la alta dirección y una vocación de evolución interna para que esos nuevos valores puedan ser incorporados a la cultura corporativa. Sin ese apoyo del equipo gestor y de los máximos responsables de una organización cualquier plan fracasará por falta de implicación.
    Una cúpula directiva empapada e implicada en un proyecto es una catapulta de proyección hacia todos los rincones de la compañía.
    La pregunta es ¿realmente estamos por la labor de crear entorno laborales honestos y justos? Sí, voluntad hay, pero del dicho al hecho hay un trecho.
    ¿Por qué promocionar a una mujer si un hombre puede hacerlo igual de bien y no tiene las cargas familiares que se exigen al género femenino? ¿Por qué contratar más gente si están acostumbrados a trabajar más horas de las debidas? ¿Para qué implantar un programa de formación si las cosas siempre salen? ¿Por qué pedir opinión? ¿Delegar?
    Este rosario de situaciones es algo común y mientras nos preocupamos tanto de lo que sucede fuera, tenemos la casa “patas arriba”. ¿Es esto responsable?
    Ahora, en los albores de un cambio que se tiene que producir, reflexionemos y trabajemos por dar pequeños pasos, que por insignificantes que parezcan, serán zancadas de siete leguas.
    Helena López-Casares Pertusa
  • No es cuestión de magia, sino de confianza y cercanía

    Por aecop, 13 Noviembre 2006

    Una de las cuestiones más comunes a analizar en un proceso de coaching ejecutivo es la mejora de la comunicación entre directivos y empleados. ¿Cómo conseguir un punto de encuentro en el que nos liberemos de las tensiones y “desatemos”la comunicación?

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    Hace algún tiempo, en una reunión de profesional de personas relacionadas con el mundo del coaching, alguien lanzó la siguiente pregunta al aire: ¿Qué habría que hacer para mejorar la comunicación en las empresas?.
    Ante la cuestión, que no iba dirigida a nadie en particular, dos palabras emergieron al plano consciente de mis pensamientos. Confianza y cercanía, me sorprendí diciendo.
    Ambas afirmaciones, lejos de ser una improvisación para dar respuesta a la pregunta, salieron con tanta rotundidad de mí, que me paré a pensar antes de dar la explicación que todos estaban esperando. Así que, para dar una visión nueva, me fui de viaje al plano del marketing.

    Ante igualdad de oportunidades,.
    La palabra cliente inunda el mundo empresarial. Todas las empresas dicen estar orientadas a él, dirigir sus esfuerzos a él, ofrecerle lo que realmente demanda y satisface sus necesidades, Pero, ¿qué pasa cuándo todos ofrecemos lo mismo?
    Pongamos un ejemplo. Una compañía decide abordar un proyecto software, consistente en la implantación de un sistema de gestión que controle el área financiera, de producción, de ventas, de calidad y demás parcelas críticas de su negocio.
    Comenzará, por tanto, una selección de empresas proveedoras de software de gestión empresarial e irá descartando en primera instancia en función de una serie de parámetros como funcionalidad del producto, precio o adaptación a su sector.
    Pero llegará un momento en el que tendrá que elegir entre dos ó tres empresas, entre las mejores. ¿Cuál será, por tanto, el factor de decisión en igualad de condiciones? La confianza.

    ¿Y por qué? Sencillamente porque el responsable último de esa elección en la compañía querrá tener la seguridad de que le van a solucionar las incidencias que puedan surgir en el plazo de tiempo más razonable.
    Es decir, ante una situación de igualdad entre proveedores una compañía se decantará por el más fiable.
    Por muy barato y funcional que pueda ser un producto nadie hará un negocio de envergadura y grandes dimensiones con un proveedor de dudosa reputación, que le pueda dejar en la estacada. Dicho en otras palabras, sin confianza no hay vida porque la relación se muere.
    ¿Y qué hay de la cercanía?
    Este concepto tiene que ver con la empatía, con la corriente de sintonía que transporta ondas melódicas, que relajan el ambiente y propician una comunicación más real.
    Sin embargo, esa cercanía mal entendida provoca situaciones anómalas que despistan al empleado. Cercanía no significa ni proximidad física, ni intromisión en la vida personal de otros, ni preguntas insolentes, ni contar todo, ni decir lo confidencial, ni hacerse el simpático.
    La cercanía es hablar el mismo idioma que el otro, es tumbar las barreras de inaccesibilidad propias de las posiciones de poder, es entender al otro y compartir su código, es no hacérselo pasar mal en una conversación.
    ¿Ambiente tenso? No, gracias.
    Cuentan que durante la celebración de la cena de navidad de una empresa un empleado tuvo que cenar al lado de su jefe. Éste era una persona seria con la que el empleado despachaba una vez a la semana para recibir instrucciones de trabajo y valoraciones sobre lo realizado, fundamentalmente.
    Durante el transcurso de la cena y tras los comentarios fríos de rigor, aquel jefe fue proyectando su lado humano, dejándose llevar por el ambiente distendido que le rodeaba. Se sentía cómodo, confortado, confiado y empezó a ver a sus subordinados y colegas como lo que eran: personas.
    Personas con nombres y apellidos, con familias, con amigos, con ilusiones, con experiencias, exactamente igual que él.
    Esa semana, en su despacho habitual hubo un cambio de tono. ¡Aquel jefe le estaba pidiendo opinión a su empleado! Le interesaba conocer su punto de vista sobre un proyecto que estaban a punto de abordar.
    Había bastado un cambio de contexto físico para que el jefe apreciara las cualidades de los que le rodeaban, dejara de sospechar continuamente y adoptara posturas más aperturistas. Había logrado la conexión con el entorno al salir de la rutina habitual.
    Mucho se había preguntado ese jefe anteriormente cuál era el secreto del éxito de otros directores que colaboraban con sus empleados sin que hubiera problemas de jerarquía ni tensiones.
    “Será cuestión de suerte”, pensaba. “Lo normal es que el jefe esté en su sitio y el empleado en el suyo”.
    Esa noche abrió los ojos a algo que tenía delante. La clave para conseguir mejorar las relaciones estaba en él. Había confiado en los demás y se había mostrado cercano, amable.
    No dejemos que las barreras con las que hemos delimitado nuestro espacio nos separen de la confianza y la cercanía necesarias para crear escenarios favorables a la comunicación. Apostemos por las personas, son la “magia” del motor de la evolución.

    Una muerte…¿esperada?

    Por aecop, 18 Octubre 2006

    Los que le conocían nunca hubieran afirmado que tuviera alguna enfermedad. Pero su corazón dejó de bombear porque estaba sumido en una terrible apatía, lo que afectó al resto de órganos. Vayamos al comienzo de todo.

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    Cuatro puntos muy cardinales

    Por aecop, 19 Septiembre 2006

    En beneficio de los resultados y para que el coach sintonice con el coachee y su entorno, hay cuatro puntos de referencia que resultan cardinales.
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