La conversación constituye la más habitual herramienta del directivo, y todos podemos mejorar en su uso. Si lo hiciéramos, los resultados empresariales se beneficiarían de ello; pero la mejora pasa por el cultivo de ciertas competencias, en cuya anatomía debemos profundizar: algunas cognitivas, otras emocionales… Tras una etapa de autoconocimiento, los directivos han tomar mayor conciencia de lo que les falta, y lo que les sobra, en su perfil, tanto en busca de mayor eficacia en las conversaciones, como en busca de mejores resultados.
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