La directiva Pilar Gómez Acebo pone en evidencia la pérdida de humanismo y de autenticidad que hay no solo en el ámbito profesional sino también en el personal. Sin rodeos, apunta a los males más profundos que aquejan a la sociedad hoy en día y a asignaturas pendientes como aprender a superar la adversidad. 

Pilar Gómez-Acebo apuesta por el crecimiento interior como único modo de no caer en las trampas que a menudo teje el sistema en el que vivimos o que tejemos nosotros mismos. El coaching y el acompañamiento profesional muestran su importancia siempre en esta labor y cuando los coaches no caigan en las mismas trampas.

Conocida conferenciante, escritora y profesora de escuelas de negocio españolas, es también una gran defensora del papel de la mujer en los puestos directivos. Es autora de varios libros en colaboración con otros especialistas, como “Resiliencia, gestión del naufragio”.

 

¿Cómo ve el liderazgo actual en el mundo de la empresa?

Estamos en una situación gravísima, a falta de líderes absolutamente. Nos faltan referentes empresariales. ¡Así tenemos el IBEX 35!

¿Y de dónde arranca el problema en su opinión?

Creo que en el mundo de la empresa y en la formación directiva se han priorizado los resultados y no el humanismo. No interesa que haya gente potente a cargo de las empresas, no interesa tener gente que sea capaz de tomar decisiones, interesa más que las personas no tengan fortaleza psíquica porque así son más manipulables. Y esto no sucede solo en España y no solo en el ámbito de la empresa, sino que es un problema global. Solo hay que observar a  la clase política, a los dirigentes políticos de muchos países en la actualidad, como Donald Trump y no es el único.

¿Qué es lo que nos falta entonces? ¿Es educación emocional?

Por supuesto. Y también resiliencia frente a las frustraciones en la vida. No estamos preparados para recibir un “no”. ¡La resiliencia es un músculo que se nos ha quedado atrofiado por no usarlo! Se sabe que en España hay elevadísimos coeficientes intelectuales, que tenemos un gran nivel en este aspecto frente a los resultados en otros países europeos. Sin embargo, somos los últimos en Europa en autoestima. ¡Y ahí está la clave de lo que está pasando! La falta de autoestima nos conduce al autoengaño y de allí a la depresión. Así se ha duplicado la venta de antidepresivos en los últimos años.

¿Hablamos entonces de un problema no solo en el ámbito profesional, sino también personal?

Es un problema en todos los aspectos de la vida. Caemos con facilidad en la soledad y en el aislamiento. Y la soledad mata. La soledad está generando más muertes que la obesidad. Podemos tener mil amigos en Facebook y estar totalmente solos.

¿De qué forma pueden ayudar los coaches a revertir a esta situación?

Pienso que los coaches tienen que ser más vocacionales que profesionales. Lo que quiero decir es que todas las tendencias dentro del coaching pueden ser válidas y también puede que ninguna lo sea, porque lo que importa es que el coach sea sólido. Que no tenga afán de ego, de escucharse a sí mismo o puramente económico sino que su prioridad sea ser constructivo. Los coaches deben huir del coaching “blandiblu” y del “buenismo”.

¿Y en qué aspectos deberían focalizar su labor?

En la madurez y en la autenticidad. En la propia y en acompañar a otros en ese camino. En el fortalecimiento interior. Necesitamos menos marca personal y más marca interior como personas. Ese trabajo interior se basa en hacernos preguntas que no nos hacemos: por qué y para qué. Y desde ahí el coach puede acompañar, porque nadie cambia solo. Me refiero a “acompañar con”, a ayudar a los demás “con” los demás, no sin ellos, porque a veces nos quedamos en el “yoismo”, en el “qué buenos somos, qué saco yo de esto, etc”.

También a ser capaces de sentir cerca a alguien aunque esté a kilómetros de distancia. Cuando estamos en la razón, nos acabamos peleando todos. Sin embargo, desde el sentir, la razón viene por sí misma. Tenemos que sentir más. Creando esa marca interior de persona, podemos ponerla en juego con otras personas con las que nos encontramos en la vida. No olvidemos que somos y crecemos gracias a los demás.

 

Una entrevista de Livia Álvarez, AECOP Aragón