¿Por qué nos cuesta tanto priorizar? ¿Por qué es importante hacerlo y hacerlo bien?

Vivimos tiempos rápidos, tiempos líquidos como nos dice Bauman(2007), en los que “los más horrendos miedos contemporáneos nacen de la incertidumbre existencial” (p. 130). Tiempos que requieren respuestas también rápidas. Pero es importante que sean respuestas y no reacciones. Y, ¿cuál es la diferencia? Que en las primeras, las respuestas, hemos podido pensar, y en las segundas no, reaccionamos a lo que va viniendo, en el trabajo, en las relaciones y en la vida en general sin liderar realmente nuestras respuestas. Y para ello nos irá muy bien venir “pensados de casa”, es decir, que debamos tomar decisiones de forma rápida no quiere decir que éstas vayan en contra de nosotros mismos y de nuestras prioridades.

Si tenemos muy claros nuestros objetivos, nuestras prioridades y nuestros valores será mucho más fácil tener respuestas adecuadas. Y de esto va la priorización. Sólo si tengo claro que el proyecto laboral X es prioritario para mi podré responder si acudo o no a una invitación de reunión determinada. Sólo si antes de salir de casa he reflexionado brevemente sobre la importancia de, por ejemplo, asistir al entreno de mi hijo, porque así se lo prometí el fin de semana, sabré que debo salir del trabajo a tiempo y lo cumpliré. Y sólo si tengo claro que mi hijo es prioritario en la vida, prioritario de verdad, sabré decir no a otros compromisos laborales o sociales.

En coaching tenemos una herramienta muy útil para mostrar el desequilibrio que muchas veces representa la vida del ejecutivo y su coste personal: la rueda de la vida, en la que se relacionan aspectos clave como el profesional, la economía, con otros también clave pero a veces menos visibles como la dimensión personal, familiar o la salud. La mayoría de las veces la rueda “no rueda”, evidenciando desequilibrios cuando lo que es importante para nosotros no tiene la prioridad que le corresponde.

Es importante porque nos garantiza el equilibrio vital, al que Covey (2003) refiere como equilibrio entre P (producción) y CP (costes de producción). Se trata de una ley natural que está detrás del principio de efectividad, utilizando la fábula de Esopo acerca de la gallina de los huevos de oro: “Si uno adopta un modelo de vida centrado en los huevos de oro y se olvida de la gallina, pronto se encontrará sin los medios que producen los huevos. Por otra parte, si uno se limita a cuidar de la gallina sin recoger los huevos de oro, pronto se encontrará sin dinero para alimentarse a sí mismo o alimentar al ave. La efectividad reside en el equilibrio, en lo que denomino equilibrio P/CP. “P” es la producción de los resultados deseados, los huevos de oro. “CP” es la capacidad de producción, la aptitud o el medio que produce los huevos de oro” (p.33).

Preguntémonos cuántas veces nos pasa en nuestra propia vida, que vamos hasta el límite de nuestras propias fuerzas para conseguir más huevos de oro y enfermamos o quedamos exhaustos.

A veces la vida, en base a una experiencia más o menos traumática, como la enfermedad de un ser querido, una situación de despido después de habernos entregado a la compañía, etc. nos muestra cuán equivocados estábamos y la importancia de priorizar bien.

Desde el coaching ayudamos a tener claras nuestras prioridades, dedicándonos un tiempo para pensar y tomar conciencia de nuestro sistema de valores de forma que podamos liderar nuestra vida y evitemos ir reaccionando a lo que la vida nos va enviando casi sin pensar, cual portero que va intentando parar los goles de otros que van llegando sin cesar.

Porque priorizar es jerarquizar, es decir SÍ a determinadas cosas y NO a otras, es elegir correctamente a qué dedicamos nuestro tiempo, porque nuestro tiempo es nuestra vida. No hay más.

Que no nos pase cómo decía Antonio Gala (1995), que al final de la vida nos arrepentimos más de lo que no hemos hecho que de lo que hemos llevado a cabo aunque haya salido mal. No se trata de aprovechar el tiempo haciendo algo productivo. Sino de evitar los pecados de omisión, que son, sin duda, los peores, porque ni siquiera les dimos existencia, pues aquello que no hicimos será lo que más nos atormente y aquello que no vivimos nuestro mayor reproche. En otras palabras, viva la pro actividad en lugar de la reactividad.

Es atrevernos a ser nosotros mismos, siendo flexibles y fluyendo con la vida, pues claro, se trata también de saber aprovechar las oportunidades, pero liderando nuestro tiempo y por ello nuestras vidas de forma que si algún día hacemos balance, estemos satisfechos con nuestras trayectorias. No hay nada mejor que la sensación que estamos actuando con coherencia interna. Nos sentimos seguros y transmitimos esta seguridad a los demás. A nuestros equipos, a nuestros hijos,… Pero para ello primero me tengo que plantear mis objetivos y ser consciente de mis valores, y recordármelo cada mañana, reformulándolos de vez en cuando para sentir que evoluciono sobre una base estable, yo y mi liderazgo personal. Mi tiempo. Mi vida.

Bauman, Z. (2007). Tiempos Líquidos. Vivir en una época de incertidumbre.Barcelona: Tusquets Editores.
Covey, S. R. (2003). Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Buenos Aires: Paidós.
Gala, A. (1995). Carta a los herederos. Barcelona: Ed. Planeta.

CECNI-321 – Coach Ejecutivo Certificado Nivel Inicial